Bunbury: De todo el mundo

Por: Angélica Camacho

Fotografías: Alberto Barajas

Dicen que un escritor siempre escribe el mismo libro de diferentes maneras.

He perdido la cuenta de todas las veces que he visto a Bunbury tocar en vivo, lo vi en 2007 cuando se reunió de nuevo con sus compañeros de Héroes del silencio, aunque la primera vez, fue con el mítico Huracán Ambulante y en los últimos años, con Los Santos Inocentes. He de confesar que todos y cada uno de esos muchos conciertos, han sido significativamente especiales, tal como esas canciones suyas que me han tocado en lo más profundo y que se han convertido en momentos y en personas inolvidables.

Bunbury, festival Coordenada 2018

A veces me parece que la relación entre un seguidor y su artista es como una “historia de amor”, hay pasión, amor, hay cotidianidad, desencuentros, distancias y hasta un poco de dolor pero luego se apagan las luces, comienza a sonar la música y cuando el vampiro seductor sale al escenario, entonces, llega la reconciliación. O quizás vaya más allá, quizás ese amor soñado en realidad es siempre la música, la suya.

Dicen que aunque no son fidedignos, los recuerdos, son una forma de aferrarte a lo que amaste, a lo que eras o creíste ser y quizás eso describe perfectamente esta situación, en la que algunos seguidores de antaño se aferran aquellos primeros discos como solista, a esas primeras canciones que trascendían en su día a día de juventud.

Desde su disco de estudio número 8, lanzado en el 2013, al que tituló Palosanto, he notado que las veces que lo escucho es menor, ya no conecto tanto en la primera escucha, a veces da la impresión de hablar sobre el mismo tema en casi todas las canciones, aunque la música es diferente. Nos regala melodías pegajosas y letras incisivas, quizás esa es la cuestión, las canciones retratan lo que podría ser su visión de la situación ambiental, política y social a nivel mundial, algunos rebeldes pensarían que busca convencerlos siendo tan reiterativo en sus temas.

Conferencia de prensa de la presentación del disco Palosanto.

Debe haber gracia en pretender no hacer música para gustarle a la gente, en estar consiente que aquellos latidos que un día fueron por ti, podrían alejarse y pese a ello, seguir como acto permitido de rebeldía.

En el arte se externa todo lo que imaginas, piensas o sientes y queda plasmado en obras, Enrique ha explorado diferentes sonidos en sus discos y nos ha dejado bastante claro que la música es universal, que no hay géneros buenos o malos, que las influencias musicales y las de literatura pueden conjugarse para hacer himnos.

Sorprendentemente en la pandemia del 2020, lanzó dos discos, en abril Posible y en diciembre Curso de levitación intensivo. Discos que vuelven a ser de esos temas de los que suele hablar en sus canciones, hay mucha razón en las letras, sí pero en el mundo hay muchas perspectivas, algunas muy negativas y otras propositivas ¿Cuál es la de Bunbury?

Nadie nunca está contento con nada, no todo es negro o blanco, la música siempre es buena aliada de la introspección, el arte en general lo es, recuerdo haber buscado a Oscar Wilde y a Benedetti solo para entender más una canción escrita por Enrique, esa es para mi, es la delgada línea de la inspiración.

Bunbury. Vive Latino 2018

Responsables somos de lo que entendemos y también de lo que escribimos, decimos o cantamos, al parecer él se lo toma muy enserio, así como a sus seguidores, eso no puede negarse, nadie podría.

Un artista jamás está para ser un esclavo de su público, está para crear lo que le nace del alma y compartirlo, para acompañar y eso es lo hermoso de su música, que está siempre ahí aunque ya no lo admires porque puedes odiar lo que un día amaste.

Algunos que no quieren estar, ahora son sus más radicales detractores, pero terminan comprando su entrada o el disco.

Bunbury. Nezahualcóyotl, 2016.

Ya adentrándose hasta sus entrañas, se explica que el artista no está para complacer, está para ser y romper ideologías sean o no las mejores.

Algunas veces los caminos de los enamorados se separan, algunos crecen para un lado o para el otro, otros no crecen, a veces vuelven a juntarse para recordar los buenos tiempos y luego siguen su camino.

Envejecer como publico y envejecer como artista son dos perspectivas diferentes, pero crecer y evolucionar: siempre.

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