¿Avril Lavigne es Punk?: The Descendents en Ciudad de México

Por: Aldo Spazzino/Fotografías: Daniel Galindo

descendentscarpa-astros-20Hay una época en la que todos pretendemos tener en el bolsillo una bolsa con canicas de oro; la sabiduría absoluta. Ayer en el show “The Descendents – Milo goes to México” volví a recordar aquella época en que las discusiones por internet  con desconocidos sobre qué bandas  eran punkis y cuáles no.

Recuerdo que “mi grupito” de amigos teníamos la verdad absoluta y lo único que respetábamos del punk californiano eran cosas como Dead Kennedys o The Adolescents; el otro grupo de gente amaba bandas como Simple Plan, The Offspring, The Descendents o Blink 182. Las batallas eran serias e incluso llegábamos a conocer a los nuestros, quedándonos de ver en la esquina del tianguis del Chopo. Llegábamos a amenazarnos y a jurar que “los que teníamos la verdad absoluta” nos íbamos a dar en la madre contra los “happy punks de mierda”. Nunca ocurrió. Lo más patético era que alguien más inteligente que los que “peleábamos” posteaba un nuevo tema del tipo: “Avril Lavigne es Punk?” que nos hacía rabiar a todos.descendentscarpa-astros-35

Ayer mientras esperaba a que diera comienzo el ritual, (aumentada la dosis de químicos que el psiquiatra me suele sugerir), contemplé desde fuera de mi cuerpo a toda esa gente encarnada que en aquel tiempo (iniciaba el milenio: estábamos entre el cassette y el mp3, y el fanzine y las páginas de internet), no era más que un nickname. No me puse a averiguar pero eran ellos: chavorrucos de entre 27 y 35 años que ya no tienen necesidad de reafirmar sus gustos, y chicos de verdad adolescentes que incluso iban acompañados con sus padres, y dentro de sus cabezas y en sus entrañas (cubiertas con playeras de Descendents), tenían la seguridad de vivir algo grande. No era para tanto, pero sí lo fue para muchos, incluso para mí.

descendentscarpa-astros-37Entré, pues, a la Carpa Astros para ver el inicio del ritual. Los Gula se acomodaban en el escenario para dar inicio a su show. Miré alrededor, era una carpa de los hermanos Atayde. Me pregunté qué demonios había ocurrido para que la carpa de un famoso circo terminara cubriendo a bandas internacionales de punk rock. Sí, ya sé, no es nada importante esto pero me dio algo de risa que al extremo derecho del escenario, en la oscuridad, un sujeto con cabello chino se acercara su celular a la boca iluminándosela cual payaso Cepillín mostrando su inocente sonrisa. Así pues, me distraía observando al público mientras la banda mexicana hablaba de conciencia social y mandaba saludos a sus amigos, intentando prender al público.descendentscarpa-astros-31 Cosa que lograron hacer con una pequeñísima legión de fans. El ritual funcionaba tal como el leivmotive del show lo esperaba. Algarabía cuando los mexicanos que, a pesar de todo le echaban ganas y aprovechaban el sonido (aunque la letra no se les entendía del todo), dedicaron una canción a “los que patinan”. Varios que iban con bermudas y tenis Vans levantaron las manos y alguno desperdició su cerveza arrojándola hacia arriba. Los Gula se despidieron pidiéndole a la “banda” que compraran el disco, que estaba “bara”. Yo me la pasé de lo lindo gracias al de las luces que mezclaba muy bien con el coctel de químicos que el médico consideró, eran necesarios para mi estabilidad mental.

descendentscarpa-astros-32Una vez que aquellos chavorrucos como yo, que, seguramente y sin salirme de la línea de la realidad, también discutían en los extintos chats de MSN o los foros de “punk” quince años atrás, terminaron de tocar, la mitad de la gente salió a hacer pis o a comprar una hamburguesa. Entre la tranquila euforia vi pines y playeras de NOFX, Pennywise, Bad Religion, Bad Brains. Casi nada de los Dead Kennedys, y nula la publicidad gratuita a grandes bandas del estilo como Adolescents, Fear o The X; bandas contemporáneas del grupo estelar. Cuando la carpa se había convertido en un bar de rock, sonando los Judas Priest, The Clash o The Animals y varios bebiendo cerveza, entraron dos curiosos personajes. Uno era un chavo gordito con su playera de Blink 182 que traía un feto punk dentro de una placenta. Era hilarante. Su amigo llevaba una playera que decía I’m not a punk; no hacía falta aclararlo, el chavo, al que sus padres vigilaban a unos metros, era tan bajito y su rostro tan inocente y ciego que tal contradicción me parecía una clara forma de irracionalidad. Ese pequeño era la auto-anulación en sí mismo, era un verdadero punki. Les pregunté si sabían cuál era la banda que se preparaba para tocar. Me quedé pasmado al escuchar el nombre de una marca de sartenes pero ya luego me enteré que el nombre correcto era: After The Fall.descendentscarpa-astros-30

Las luces dejaron de juguetear tanto (o el efecto de mis píldoras disminuía), cuando empezó a tocar la banda de New York. El guitarrista y cantador llegaba una playera de Dropdead, banda de hard y grindcore con influencias D – beateras, algo que me entusiasmó (creo que yo era el único en la carpa que llevaba una playera de Anti Cimex). La decepción llegó cuando descubrí que era una banda que tocaban en una onda muy a lo Offspring y ese hardcore para patinetos que nunca logré digerir; de estos que empiezan súper veloz y en medio de la canción se detienen y empiezan a tocar más lento y melódico para lograr un momento de baladez hardcore (¿se vale inventar palabras?). Cabe destacar que entre canción y canción se comunicaban a través de miradas para saber cómo iban a tocar las rolas. En un momento el cantante anunció un “cover” de no sé qué canción y el baterista hizo un gesto de fastidio. No recuerdo nada más qué destacar de esta banda que no prendió al respetable.

descendentscarpa-astros-1Una vez que los Tefal bajan del escenario, empiezan a acomodarlo para dar pie al toquín de The Descendents. El ritual se cumple al pie de la letra tal como yo recuerdo los toquines punks a los que he ido, con ciertas diferencias. Apenas aparecen y se acomodan los músicos empiezan los gritos y la lluvia de cerveza. En cualquier toquín punk al que yo hubiese ido en mi vida, en lugar de gritarles les mentaban la madre o les arrojaban vasos. Además, la gente que me rodeaba, todos olían bien y varios traían pareja a la que protegían de inofensivos empujones. ¿El punk se había vuelto suave?

Se enciende la luz: “Yeah. Hola” dice el rapado guitarrista. Milo, jorobado y canoso se comunica con el de la consola haciendo movimientos raros con los brazos. Una vez que el bajista, con aspecto de Popeye el Marino sin músculos y el baterista gordito y con cara chusca se acomodan, dan inicio. Milo da un pequeño discurso sobre lo encantados que están por estar en México.descendentscarpa-astros-14

No sé si es que el efecto de las píldoras se ha ido pero al dar inicio con la canción “Everything sucks”, la atmósfera me contagio del efecto anfetamínico del auténtico hardcore californiano. Milo se mueve por el escenario mientras el suelo vibra; lleva una bermuda café claro como su camisa: es todo un personaje. El sonido está en su máxima potencia. La gente se empuja, no hay slam sino una especie de moshpit espantanovias, novias con playeras de cualquier banda de rock que sonríen con miedo a que las aplasten, hay tensión pero se libera sin problema. No hay golpes, no hay ni siquiera una pelea.

A la onda ramoniana, sin dejar espacio entre rola y rola se siguen con Hope, Rotting Out, Pervert y I Wanna Be a Bear que a mí me caló hasta los huesos. Me recordó a esas primeras grabaciones de los Dead Kennedys por su velocidad y contundencia. Lo mismo ocurrió con My Dad Sucks y I Like Food.

La edad de estos adolescentes pasaditos de época no se les notaba en lo absoluto. La energía que derrochaba era envidiable para gente como yo, incluso, perezosa y de lado incorrecto del escenario. Pero no nos desviamos que hoy escribo esto como periodista, no como escritor rencoroso y músico frustrado.

descendentscarpa-astros-8-1365x910Así intercalaban canciones más tranquilas con otras súper rápidas para jugar con la psique del público que reaccionaba tal como se esperaba: lanzando cervezas, saltando unos sobre otros, dando brinquitos y cantando. Nunca supe qué demonio era lo que Milo llevaba colgando desde la espalda. Parecía ser una manguera azul con un chupón desde el que tomaba nebulización para su asma, o quizá era un popote para beber Bacardí. Ni idea, pero la usó un par de veces entre canción y canción.

Así, una vez todos contagiados de su energía empezaron a regalarnos temas de todas sus épocas. “Quiero ser clasificado, quiero ser un estereotipo” cantaba Milo en Suburban Home para seguir con Shameless Halo y otra vez una velocísima Coffee Mug. La gente reaccionaba, el ente formado por muchachos que olían bien, parejas que se amaban y chavitos que iban con sus padres se movía al ritmo de sus canciones más melódicas y menos veloces como Myage o Nothing With You.

De pronto yo ya no sentí nada. Era parte del aire. Mis oídos se habían tapado y no me sabía casi ninguna canción pero igual me movía al ritmo. El ritual enloquecía y no: las novias se aburrían y los novios las cuidaban. Unos se paseaban como si nada por encima de la gente. Los que se sabían las letras las cantaban poseídos y nadie les interrumpía. Descendents mezclaban de manera interesante versiones de sus temas con riffs heavy metaleros y luego medio blues.descendentscarpa-astros-2-1365x910

Después de When I Get Old (ja, ja), Coolidge, Thank You y Descendents, una vez cumplido el ritual de siempre (el cantante se baja del escenario con ayuda del staff para saludar a los fans y cantarles cara a cara), y gritar algo relacionado con México para emocionar más a la gente cansada de casi treinta canciones, la banda se retira.

El ritual se respeta religiosamente. Una vez apagada la luz el público grita “one more song, one more song”. Y al salir otra vez, la gente finge emocionarse y gritan más. El baterista, simpático gordito dice: “Estamos muy contentos estar aquí”. Feel This, Sour Grapes y Smile vuelven a prender al público. Luego desaparecen otra vez. El público grita algo que no entiendo, pero los hacen volver a salir. El baterista vuelve a dirigirse al público: “ustedes parece que ya deben dormir”, dice y enseguida canta con su acento californiano pero en un español bastante entendible: “Cuando calienta el sol, aquí en la playa”. That was nice, dice Milo. That was nice pensamos todos.

descendentscarpa-astros-13-1365x910Testosterone, Spineless and Scarlet Red y Catalina cierran el concierto. Milo baja otra vez del escenario y vuelven a ayudarlo a subir los del staff. “Hasta mañana”, dice, “hasta la vista” corrige Milo con su mal español. Después de treinta y tantas canciones ahora sí se van. El público se hace fotos y yo mareado y con los pies doloridos.

Ya qué me importaba dónde había quedado el punk, si en los chicos acompañados de sus padres, en los chavorrucos que pagaron el boleto con su salario o en los travestis que esperaban clientes a un lado de la carpa Astros.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s