LICUADO DE TRIPAS: FANTASMAS

Por: Aldo Spazzino

aldo-columnaQué tanto conocimiento y reconocimiento se puede acumular es una cuestión que todo hombre vanidoso ha de considerar alguna vez. Pensemos que la vanidad es aquel vicio de creer que nuestras cualidades contribuirán en algo positivo al género humano como prueba de que valemos tanto o más que el prójimo; que por eso hay tanto tarado suelto que cree que reproducirse carnalmente y “hacer a ese hijo mejor persona de lo que uno es”, (o sea, menos peor que el padre en cuestión) es bondad químicamente pura. Como dice el refrán: siembra un árbol de amapola, ten un hijo criminal y escribe una vida de porquería en la memoria de tus congéneres.

Una vez poniendo este ejemplo exagerado, puedo decir que mis ambiciones son más limitadas. Lo más que he podido parir son ideas, y soy de ese tipo de personas que da consejos que no sigue: indico a mis amigos cómo correr cuando sólo soy un tronco sin extremidades. “No te atravieses, que viene un coche” advierto a alguien cuando estoy debajo de las llantas de un camión de redilas, poco antes de morir.avenida_talisman_atropellado-3

También podría decirte: “Oye, carnal: estar aplastado debajo un par de llantas es el mejor viaje que puedes sentir. No sabes el subidón que estoy sintiendo. Aviéntate bajo la siguiente máquina automotor que venga a más de 60 por hora: la misma experiencia sentirás si te ahorcas con una cuerda o tiras de un octavo piso”. ¿Cómo es eso posible? Pues únicamente entre los márgenes hilarantes de una hoja de papel. Ningún cobarde antropoide con razonamiento lo haría fuera de esta cuartilla.

Por lo menos no yo…

Ese yo que se ha tirado al vacío más de una vez; un vacío que rebota contra los límites de la cavidad vaginal del planeta Tierra; ese yo que me mira volando mientras duermo, o el que duerme mientras escribo: por ejemplo, puedo asegurar que mi libro Dios en X-Box fue dictado por el fantasma de un prematuro anciano de cuarenta años, fracasado y casi suicida que vive en una casona llena de basura en la colonia Juárez. He sido su alegre víctima, su escenario han sido mis visiones, recuerdos reconstruidos.

bebidas-que-tomaban-escritores-famosos-1¿De qué puede vanagloriarse un cuerpo que necesita recurrir a la fatalidad ajena, a la lectura, a la meditación, a la posesión o al trance para confeccionar historias? Puedo imaginar a cualquier escritor derrumbado en un triste sofá, cambiando el canal al televisor mientras las pastillas y el whisky hacen efecto en su cuerpo. La hora de trabajar ha terminado, el susto está siendo curado a base de fármacos y alcohol, los fantasmas de vivos y muertos, viejos y jóvenes, se han ido. El vanidoso escritor piensa entonces, en su estupor, que ha sido él quién ha logrado crear una maravillosa obra de arte cuando, por el contrario, es uno de tantos espíritus vagabundos quien intentan enviar un mensaje desde alguna dimensión distinta, utilizando para ello la carne y las mediocres fantasías del escritor vanidoso.

No sé explicarme y yo mismo me confundo mientras leo este montón de líneas amontonadas una sobre la otra. Ese escritor que no tiene grandes ideas, sino que las atrapa con un cazamariposas y las detecta con un par de pequeñísimas antenas, ése que bebe ron y come chocolates, ése que recuerda amistades perdidas o batallas ganadas mientras hace zapping con el control remoto es quien ha intentado explicarlo más de una vez: es necesario inventar un personaje que se relaciona con otro, un chorro de sangre volando por los aires, un cadáver, un Dios dentro de una consola de videojuegos, un asqueroso e improbable intercambio de fluidos corporales como base para plasmar las ideas que los fantasmas eyaculan en mi mente. No tengo el tiempo ni el conocimiento de Kant o de Schopenhauer, fantasmas autónomos y autosuficientes, para explicar una idea. Soy más bien como esos escritores imbéciles y populares que hablan de babas, orines o cemento para construir un relato que medio sostenga el mensaje. ¿Cómo más podría hablar de esas ideas sino filtrándolas a través de lo mundano y lo asqueroso y lo visceral y lo sentimental?qq

El viejo truco de la primera persona siempre es eficaz para la ficción y el drama. Pero el Yo termina en los márgenes de la página. Se me ha acusado de ser y hacer tal o cual cosa desde que comencé a escribir, desde el inicio de los tiempos. Les pido, amigos míos, que no me crean cuando escribo en estas cuartillas que yo le hice la vasectomía a Héctor Suárez o que no me dejé besar por Emma Watson. Créanme cuando escribo que he recibido cien puñaladas en la espalda, que el fango me devora o que el mundo intenta asesinarme metiéndose a mi cuerpo a través de mi nariz y mi boca, pues la metáfora es más certera para describir lo que siente el cuerpo poseído. En cambio, el enunciado visceral tiene más que ver con escenografía, con la carne metafísica, con el campo de batalla de los eternos fantasmas que nos acompañan, que nos matan a dudas y a veces, sólo a veces, nos vislumbran realidades inexplicables y hermosas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s