LICUADO DE TRIPAS: EX SOLTERÍA, O LA MERMA DE LA TRASCENDENCIA METAFÍSICA

Por: Aldo Spazzino

aldo-columnaMe tienes fastidiado, cansado estoy yo,
cogerme una gallina daría más calor,
por eso he optado por algo mejor,
mandarte a la goma y hacerme el amor

                                                                                               ¡Soy mi propia novia y conmigo me voy a casar!”

-“Quiero ser mi propia novia”, EL PAN BLANCO

Nada especial: me enamoré a muy corta edad del único ser que me prestaba atención en aquellas épocas; toda mi pasión era depositada en Aldo Spazzino. Sin saber cómo ni cuando, había desechado al resto del mundo de mi psique, pues con él, mi primer amor, me sentía completo. Hasta que, por supuesto, llegó la decepción. Un día cometí la gran estupidez de desear enamorarme de alguien que no fuera yo, y el desprecio a mí mismo se instaló en mí cuerpo como una infección que me tumbaba a llorar en la cama. Me perdoné viendo tele, jugando videojuegos, me masturbaba, comía chocolate en exceso… y un día volvió la alegría de vivir. Me re-enamoré de mí mismo pero nunca volvió a ser igual, la relación había quedado quebrada al depositarse la desconfianza. Yo, mi primer ex novio, quedé muerto después de mi segunda década de vida.husband-teaching-wife-cooking-12836859

Como deportista de alto rendimiento en la práctica del onanismo, fue un choque espiritual el descubrir las mieles que un cuerpo ajeno podían ofrecerme. Si bien sabemos que la única posibilidad sexual de dos cuerpos es el masturbarse mutuamente, es bien cierto que una conexión espiritual adquiere sentido y pare una entidad metafísica inquebrantable. Débiles espirituales como somos, le damos a la antiquísima y tradicional palabra “amor” el sentido que hoy todos conocemos: beneficios económicos, (yo te pago la cena, tú trapeas; o, los dos trapeamos y los dos aportamos dinero; o sencillamente, nadie trapea ni da los billetes y gorroneamos la siguiente botella), retroalimentación espiritual, (yo acepto ver esa película horrible siempre y cuando tu aceptes hacer esa escandalosa porquería en la cama), y así hasta que cada uno se va adecuando a la felicidad del otro y crear una, de inicio, placentera rutina. 222025_10200183027759629_824566937_nDespués de un tiempo, ocurre que uno carga con ajenos pedazos de espíritu que se le adhieren como un animal pegajoso que ensalivamos con nuestra codependencia. Si el utópico objetivo de soportarse no funciona, alguno de los dos será el primero en huir. En mi caso, con aquel “segundo amor” nos restregábamos a la cara esas plastas pegajosas; nos arrojábamos medusas a la cara para siempre volver a mamar de ellas con lágrimas y sangre, además.

Alguna madre de familia neurótica, con vida sexual deteriorada, y una familia de la que ya no puede arrepentirse, puede acusarme de vicioso, y ante el mundo moral que impera, tendría razón. Sin embargo, esa relación con mi “segundo amor” quedó en el olvido. Intenté volver a encontrarme con el primero, conmigo. Pero ese yo, había cambiado. Ya no era el tonto inseguro capaz de poner la otra mejilla por miedo, mas no por virtud. Ahora era un brujo con cuerpo de plomo al que podías inyectarle litros de ron y llenarle la garganta con barbitúricos. Algunos dirán que lo hacía por tristeza, pero no. El Aldo Spazzino que entonces reencontré, mi amor renovado, se había transformado en un brujo con buena presencia. Su aspecto silvestre de tenis gastados, pantalones recortados bajo la rodilla y un montón de cicatrices no hacían más que atraer fauna domesticada, lindas perritas french poodle que se daba el lujo de desdeñar. Era auténtico. Un ser renovado que tenía un mensaje divino. Las voces que escuchaba de otras dimensiones las compartía sin recelo. ¿Delirios erotómanos e intelectuales, divinos productos del alcohol y el clonazepam? Pamplinas. Él ascendía a niveles a los que pocos han logrado. Pero al poco tiempo, el poder demoniaco de una sociedad que impide el progreso metafísico-individual, le/nos hizo pagarlo caro.

supermercadoOculto, tirado en una banqueta; comunicándote con seres amorfos, etéreos y volátiles, aparece un cuerpo; ella no entiende que esto es parte de tu éxtasis divino, pero su calor te cautiva. Un vampiro que no envejece, que dentro de su eternamente juvenil aspecto posee una sabiduría soberbia que te atrapa una vez más. Te devuelve, sin notarlo, al mundo que has abandonado a voluntad. El mundo gobernado por la imagen. Vuelves a los placeres minimalistas, el de la eyaculación dentro del hueco amoldado y moldeable, el de la unión espectral de dos espíritus poderosos pero dispares, ver televisión y enterarse del mundo desde un sofá reclinable, discutir por las sopas maruchan o las ensaladas de coliflor. Manoseando los pepinos que llevarás del súper descubres que tus poderes esotéricos se han esfumado, no sirven ya. En los altavoces de la Comercial sólo escuchas el cuchicheo burlón de los dioses, representado como balbuceos chillones. No hay mensajes ocultos en la fecha de caducidad del Ades de piña-coco. Te anulas, te pierdes, te desgarras en silencio, pero untas en la herida un poco de mermelada de zarzamora. Tu cuerpo de plomo ahora se vuelve de papel, sientes nausea al encontrarte con ex amantes de tu mujer Escarlata en los pasillos de las refacciones automotrices.

Tu cobardía te hace resignarte; pero sientes en el fondo la llamada de los astros. Aceptar la tranquilidad de una película dominguera que culminará en un insano coito riesgoso, o rehabilitarte en las artes ocultistas que tanto conocimiento te ofrecieron tirado en un parque junto a una botella de ron.

Ser mortal o transmutar, otra vez.

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