HORIZONTE PROFUNDO: RECUPERANDO LA ESENCIA DEL CINE DE DESASTRE DE LOS 70

Por: Saúl Arellano Montoro

Como ustedes saben, el cine se mueve por ciclos. Las tendencias no se crean de la nada, eso pasó a principios del siglo XX cuando la cinematografía llevaba poco de haberse creado. En esos incipientes años SI se inventaba todo.

Pasando la primera mitad del siglo XX quedaba poco por descubrir y aún así, se llegaron a establecer parámetros. Lineas marcadas que se retoman luego de años de inactividad creativa en los escritores y directores contemporáneos que voltean al pasado para ocupar ideas y tomar uno de dos caminos: O hacen una nueva versión o toman el tema de inspiración para homenajear un género en específico.

Y por supuesto que la forma de re-contar esas historias son diferentes a las originales simplemente por el hecho de que las nuevas generaciones se sienten atraídas pero no por eso se le acepta por default. Es así que la delgada línea de la adaptación es borrada o repintada dependiendo de la nostalgia o de la aceptación al cambio. Cosa difícil y complicada que termina siempre en los terrenos del gusto personal del espectador y ahí no hay discusiones ni malas interpretaciones.

En el caso especifico de DEEPWATER HORIZON nos topamos con una muy afortunada obra de la cinematografía que hace homenaje y muestra respeto a todo ese cine con el qué varias generaciones anteriores a 1980 crecieron disfrutando en el cine películas en las que el individuo se enfrenta a las autoridades para prevenir un peligro inminente siendo ignorado debido a los intereses económicos, políticos o empresariales de las corporaciones con respecto a una torre, un barco, un avión, un pueblo, la naturaleza, algún tipo de animal o una invasión extraterrestre.

En este caso nos quedamos con la ingeniería y la tecnología… Y además basada en una triste historia real.

CRÓNICA DE UN DESASTRE ANUNCIADO

Como toda película que aborda un tema parecido, y además inspirado en una historia real, tenemos una presentación de los personajes principales en un ambiente familiar para dimensionar el tamaño de la tragedia que viene después. Para mostrarnos que fue lo que se afectó deforma directa y así crear un pasado y un contexto que nos permita sentir empatía – o no – por cada uno de los personajes.

Es así que todo el primer acto es un repaso por la tranquilidad de la rutina; los lazos afectivos entre los colegas de trabajo que no termina una vez que acaba el turno y luego los ubica en sus respectivos ambientes laborables personales y como interactuan entre todos.

El segundo acto es la tragedia.

img_0375-2FUEGO EN EL MAR

Desde que los personajes llegan a la plataforma es que vemos una continua sucesión de eventos que sabemos van a terminar en tragedia. Y para hacerlo aún más sobrecogedor, el director decide utilizar todos los recursos de efectos especiales, digitales y de interpretación de sus actores que tiene a la mano.

La edición a partir de este momento es fundamental para dar el ritmo que nos acompaña hasta el final de la tragedia. La cámara se mueve ágil por todos los rincones afectados por los continuos estallidos. El ambiente resulta asfixiante gracias a los encuadres y el sonido, que se convierte en un interprete más, complemente de forma precisa lo que vemos en pantalla. Los actores interpretan sus personajes de forma adecuada manteniendo la coherencia de sus respectivas personalidades sin caer en el drama simplón. No hay malos-malos ni buenos-buenos más allá de lo que entienda el espectador.

Y al ser una película basada en un hecho real, el final tiene un bello homenaje a los trabajadores muertos en la explosión. En esto es que la historia se vuelve desgarradora en comparación con el común de las películas de desastre que conocemos. Porque desde el principio sabemos que es una tragedia REAL que se pudo evitar pero no fue así debido a la codicia y voracidad de las empresas globales que actualmente gobiernan el mundo.

EN RESUMEN

Una película que demuestra la insensatez de los empresarios frente a la sed de dinero por encima del capital humano que sostiene sus empresas transnacionales. Una película que debe verse aunque sea una vez en IMAX y en una sala con buen sonido.

Recomendable, pese a algunas secuencias impactantes de explosiones con personas involucradas, para mayores de 13 años.

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