La Viña y su fiesta Real

Por Julio Bravo/Fotografía: Eduardo Blas

Nápoles entre sonidos y ruedas, la fragilidad del Siqueiros y la estabilidad del nuevo mundo en el edificio. Hablamos del edificio completo como centro de conferencias, tiendas departamentales, restaurantes; edificio también que permite exposiciones de variada índole,  así como un espacio enorme para la música. Acá en el Pepsi Center se vivió el Viña Real Fest 2013.

1048866_496602373743550_1099102947_oCómo hacer la distinción de las horas, me pregunto sin usar los signos.  Más aún cuando este que escribe busca indagar, ¿qué?, no lo sabe. Intenta surcar el tiempo y el suceso… esa quieta ráfaga que identifica la unión de un momento. Se puede iniciar diciendo que ciertos grupos casi, saltaron al escenario, invitando a la gente a aplaudir, animarse y medias cosas más. Suele ocurrir entonces que, a veces cierto hecho no se suscita de la forma que uno quiere, algún lapso va jalando un proceso distinto. Ahí,  justamente, ya nada se vive igual. Pero de alguna manera, todo comienza a producirse… ventanas de cristal, pasillos enormes con carteles, escándalo, frescos comerciales evocando el líquido. Continúas un rumbo esquivando personas, tratas de reconocer alguna cara, giras y la música atrapa el lugar. Guitarras distorsiones, aparece un sombrero de copa gris con una rosa, deambulando un esquizofrénico con ojos desorbitados y su grupo de chicas abominables. El curso de un festival diverso… así, instantáneamente te coronan con un guarro símbolo de manos, el mismo tipo que insulta y es insultado se despoja de su ropa. Silencio y problemas de audio, la leona cruza con su chaqueta de menta, mientras sus largas rastas trenzan el aire. Sombrerudos disfrazados de luto, el bigotón señor acomoda sobre su estomago el instrumento, toca y extiende sus manos, el público aplaude.

Claramente el festival reunió cantidad de matices, bandas ya muy conocidas con otras en pañales. Lo nacional compartió lo internacional… Las participaciones de cada artista, lograron zurcir junto a la gente su propia idea, este evento ofreció momentos de todo tipo. Y en una noche sabatina, el caracol de cada oreja arrulló al sonido.

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