MINIONS Y MONSTRUOS, UNA FÓRMULA YA GASTADA

En su zona de confort, esta saga vende lo que sabe que funciona en taquilla, pero no ofrece nada nuevo.

Por Enrique Guerrero

Llega a las salas de cine Minions y Monstruos, que narra la historia de un grupo de minions que, en su búsqueda por encontrar a un amo malvado al cual servir, terminan en el Hollywood de la década de 1920, donde incursionarán en el mundo del cine.

La película no busca tanto entretener como estimular a los niños debido al exceso de ruido y acción en pantalla. En términos generales, eso es lo que mantiene la atención del público infantil, ya que los chistes son, básicamente, los mismos de las películas anteriores.

Esta franquicia se sostiene principalmente por el atractivo de sus personajes. La figura del minion es una criatura tierna y eso parece bastar para ofrecer un nuevo producto al público, sin una historia entrañable o algo mínimamente interesante.

La idea era buena: un homenaje al cine de la mano de estas figuras tan populares. Aunque la película incluye numerosas referencias a la historia de Hollywood y busca apelar al público cinéfilo, la verdad es que los chistes no terminan de funcionar y el resultado se siente como un intento fallido.

Se puede pensar que, al tratarse de una película para niños, no es necesario desarrollar una historia compleja. Sin embargo, no se trata de eso. Se sabe que sí es posible construir una historia infantil más elaborada, pero aquí ni siquiera se consigue ofrecer una trama verdaderamente divertida, algo que, en esta ocasión, no se logró.

Ni hablar del canon de la franquicia, que ya resulta demasiado confuso. Lo mejor será tomar esta entrega como una historia independiente, porque solo perderás el tiempo tratando de entender cómo encaja dentro de la saga. Incluso el final parece intentar explicarlo, pero termina por hacerlo aún más confuso, y la historia en sí tampoco busca relacionarse con las entregas anteriores, cosa que sí ocurría en las películas previas.

En resumen, Minions y Monstruos representa una nueva muestra de la zona de confort en la que se encuentra la franquicia: un producto de venta segura, sin riesgos y sin ofrecer más de lo que sabe que seguirá funcionando.

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