Por: Claudia Emilia P. G.
Lunes 14 de septiembre del 2026, ese fue el día en que Virus, la agrupación argentina, en su momento liderada por Federico Moura, pisó tierras mexicanas por primera vez en el Lunario.

¿Cómo hablar de la importancia de Virus y Federico Moura sin pensar en sus ojos, su elegancia y sonidos de sintetizadores? Virus llegó en un momento en el que la música, por lo menos en Argentina, no había sido tocada por esta magia. Se trata de la llegada del new wave y synth pop a una Argentina que estaba siendo marcada por el rock en español y, con razón, ya que estaban saliendo de una dictadura y lo que necesitaban eran voces para acompañarlos en ese renacer. ¿Qué era mejor que la furia del rock, las chaquetas de cuero, las cadenas, líneas de bajo agresivas, letras inconformes? Pues Virus y Federico Moura tenían presente otra revolución, esa que sucede adentro…

En medio de una época marcada por la solemnidad de unas guitarras eléctricas, decidieron apostar por la elegancia del baile y por unas letras que hablaban de la libertad sexual y espiritual: “A la vida hay que hacerle el amor, sin drama, con locura y pasión, jugar con la imaginación, sin tener que pedir perdón”. Así reza una parte de “Hay que salir del agujero interior”, canción que fue parte del setlist de este pasado lunes en el Lunario del Auditorio Nacional, donde, alrededor de las 8:30 de la noche, con un sold out total, después de tantos años de espera.
Marcelo salió al escenario y todos entendimos lo que estaba sucediendo: Virus estaba en México. Fue un recorrido de veintitrés canciones, con momentos entrañables como cuando, antes de interpretar Dicha Feliz, Marcelo nos dijo que esa canción, así como muchas otras, pero esa canción en particular, le hacían pensar en su hermano, Federico Moura.

Veintitrés canciones, un Lunario del Auditorio Nacional abarrotado, risas, bailes, lágrimas, ganas de mucho más. Así fue la noche en que recibimos algo que atravesó nuestros corazones. Virus estuvo en México.