Por: Alberto Álvarez
Fotografías: Cortesía Zignia Live
La banda inglesa de electro-funk Jamiroquai, llegó a la Arena CDMX este 27 de septiembre. El norte de la ciudad dejó ver su admiración y fanatismo por la música y el concepto de Jay Kay y compañía. En las inmediaciones del inmueble se podía observar a algunos asistentes que replicaron los icónicos sombreros de Buffalo Man a través de sus distintas eras. Cruzaban el filtro de seguridad sonrientes, mientras se dirigían al interior del recinto.

Dentro, la Arena ya dejaba entrever un lleno inminente. Aunque el concierto estaba programado para las nueve de la noche, no fue sino hasta cuarenta y cinco minutos después cuando las luces anunciaron el inicio del Latin America Tour en su última parada.
Los primeros acordes de (Don’t) Give Hate a Chance se repartieron por la atmósfera del lugar, viajando entre manos en el aire y alaridos. Jamiroquai comenzó así un set que, corto en el papel —con 11 canciones enlistadas—, resultó suficiente para poner a bailar a los asistentes.
Y hay que decirlo: el retraso se olvidó rápido. La rechifla recibida minutos antes parecía apenas una alucinación. Jay Kay se entregó por completo arriba del escenario y, para fortuna de quienes estaban ahí, los bailes y saltos siguen estando presentes.

Incluso desde las zonas más lejanas de la Arena podía reconocerse esa chispa que, después de tantos años, sigue haciendo bailar a quienes escuchan a Jamiroquai.
Little L, Runaway y Space Cowboy, desfilaron por el set en versiones extendidas que, por momentos, parecían hacer honor a la construcción del nombre de la banda: el jam, esa improvisación musical que permeó por momentos el recinto.
Y no, no es una queja. Jamiroquai entregó ritmos y texturas sonoras, capas de bajos exquisitos y baterías completamente resonantes. Todo en conjunto terminó por convertirse en una experiencia eufórica.
Disco Stays the Same condujo a Cosmic Girl, que elevó todavía más el ánimo. El baile continuaba y los coros acompañaban a Kay, quien, visiblemente conmovido, siguió —como decimos aquí— “sacando los pasos prohibidos”. En esta ocasión, sin embargo, estaban más que permitidos: eran esperados por muchos, si no es que por la mayoría de los asistentes.

Virtual Insanity llegó como el punto más alto y el cierre de una noche que se extendió hasta casi la madrugada entre disco, nostalgia, sombreros con cuernos y mucho baile.
En un casi lunes, Jamiroquai puso en órbita a más de 20 mil personas.