33 días de cine de terror: Veneno para las hadas

Por: Saúl Montoro

RECOMENDACIÓN 32 DE 33

Un día como hoy pero de 1986 se estrena – con dos años de atraso – una película que está arraigada en el colectivo nacional de cine de terror. Me refiero a Veneno para las hadas (1984) de Carlos Enrique Taboada que cierra una brillante carrera como guionista y director que supo manejar de forma precisa los más profundos terrores del público mexicano al manejar atmósferas y situaciones sutiles donde el temor a lo desconocido llega a flor de piel.

Uno de los sellos característicos de Taboada fue llevar a sus personajes a situaciones donde pierden todo tipo de razonamiento convirtiéndolos en seres que reaccionan de forma primitiva no solo a aquello que amenaza en la obscuridad sino a su entorno inmediato ya sea un colegio de mujeres, una estatua de piedra o un accidente aéreo en la sierra.

Sus personajes no siempre presentan el lado más humano al ser llevados al extremo de las situaciones tanto sobrenaturales como dolorosamente humanas en que se mueven y reaccionan. En el caso de VENENO, Taboada forma un micro-cosmos alrededor de Verónica y Flavia (las niñas protagonistas interpretadas por Ana Patricia Rojo y Elsa María Gutiérrez respectivamente) y toda la película la vemos desde su perspectiva en donde los adultos tiene casi nula participación más allá de dar motivos al proceder de ambas.

Es entonces que la atmósfera creada alrededor de ellas parece de momentos un juego, otras veces una realidad y las más una fantasía donde Flavia lleva la peor parte al sumergirse en el mundo de brujería y horror al que Verónica la ha invitado sin ninguna otra forma de escapar más que la solución al final de la película. Es aquí donde la genialidad de Taboada se hace presente: El terror lo sentimos a partir de las sensaciones y miedos de Flavia y que, gracias a un preciso movimiento de cámara y encuadres, podemos involucrarnos e identificarnos en una regresión a nuestros propios temores y mundos aterradores de cuando éramos niños. Sin duda alguna, VENENO PARA LAS HADAS quedó como el último gran trabajo de Carlos Enrique Taboada para reafirmar una vez más su lugar como uno de los grandes directores y de los pocos artesanos del terror sutil y espeluznante en el cine mexicano.

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