UN DÍA COMO HOY pero de 1931 se estrena – en el naturalmente desaparecido Cine Mundial – la versión Latina de DRÁCULA (1931) de George Melford.

Por: Saúl Montoro

Como era costumbre en el Hollywood de principios de siglo XX, mucho de la producción fílmica era producida en dos versiones: La natural versión anglosajona y la otra versión para el mercado latino. La Universal Pictures de Carl Laemmle decidió (dado que le invirtieron mucho dinero a la adaptación) hacer ambas versiones.

Con una duración de 104 minutos contra la versión de Browning de 79 minutos, Geroge Melford saca ventaja de los inconvenientes ofrecidos por la productora desde el día uno de rodaje – ambas películas fueron filmada en paralelo – hasta la sala de edición.

Los actores latinos (mexicanos, españoles, argentinos y centroamericanos) filmaban en las noches luego que el reparto de la versión anglosajona terminaba su horario de la mañana. Esto lo supo aprovechar de forma virtuosa Melford ya que le permitía reproducir los momentos brillantes de la dirección de Browning y mejorar las fallas narrativas del director.

Es por eso que Drácula versión latina tiene mucho mejores secuencias que la de Browning cuyo máximo logro es tener en su reparto a Bela Lugosi que conservó al personaje con una elegancia que marcaría por décadas la imagen del vampiro.

Cosa que Melford transformó en un vampiro de alta carga sexual además de elegante más cercano al personaje de la novela de Stocker. Las “novias” vampiresas son altamente sexuales en la versión latina mientras que en la versión de Lugosi eran más bien estoicas y pusilánimes y ¿que decir de la personalidad de la oaxaqueña Lupita Tovar que irradiaba erotismo contra la mensa Hellen Chandler que nada más no había por donde pudiera despertar el libido del compadre Drácula más allá de tener algo de cenar en las noches… Pobre.

Por otro lado, Melford realizó secuencias y movimientos de cámara impecables para mejorar la presentación y comportamientos de sus actores ante la desventaja de horario, vestuario y maquillaje que al final ayudo mucho para conseguir una atmósfera de terror y complicidad que la versión de Browning no logro de forma natural.

En resumen: Drácula versión latina es un gozo para el cinéfilo por la realización, la narrativa y la superioridad en conjunto de la película cuyo único “pero” es la presencia en pantalla de Carlos Villarias que por mucho que se haya acercado más al personaje de la novela, no pudo ni acercarse a lo que significó la personalidad avasalladora de Lugosi como el Conde.

En eso no hay nada que decir; Lugosi trascendió el tiempo.

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