Megadeth: Eléctrica despedida.

Lunes 11 de mayo. Hubo una tormenta dentro y fuera de la Arena CDMX. La lluvia, afuera caía sin tregua, dentro, había un lleno considerable para ser principio de una semana de clima aleatorio en una ciudad de por sí ya congestionada. El motivo no era menor, Megadeth ofrecía la segunda fecha de una gira que, parece ser la despedida de una leyenda como lo es Dave Mustaine. Sus fans respondieron al llamado, y con una sección de cancha a su máxima capacidad a las 9:30 de la noche, las luces bajaron su intensidad para dar paso al comienzo del show.


Desde el primer riff Dave y compañía dejaron clara una cosa, no iban a guardarse absolutamente nada en el escenario. Tipping point provocó el alarido en los presentes, la arena retumbó desde las primeras filas hasta la butaca más lejana del complejo. Fue como una onda expansiva, una ráfaga de electricidad que recorrió todo el recinto. Y es que, no era un show normal, aquello tenía esa vibra especial en el aire, pocos celulares, no por que se hubiera prohibido, era más bien una forma de vivir ese momento al máximo.


Wake Up dead, in my darkest hour sonaron, hangar 18 mantuvo la euforia paseándose en el aire, no había descanso, la cancha simulaba una gran oleada, un mar que parecía volver a la calma por segundos, mientras Dave presentaba “Liar” canción perteneciente al nuevo disco y que sonó duro, con actitud, sonó a lo que es, un destello eléctrico que a más de uno le erizó la piel.


Megadeth no llegó a la ciudad para cumplir un compromiso, vino a rememorar junto con sus fans los tiempos pasados, Dave vino a honrar la memoria y el legado que lo ha colocado como uno de los cuatro jinetes del Trash Metal. El set, sin dudas una ofrenda a los fans from hell, aquellos que estuvieron desde el principio y continúan levantando el puño, moviendo la melena y sudando la muñequera negra bordada con el nombre de la legendaria agrupación.


El cierre se sentía más cerca, Rattlehead salió a saludar a la marejada de playeras negras que lo portaban en el pecho, luciendo un traje completamente blanco, paseó por el escenario cosechando el aplauso del público, entregándose a él, se llevó la mano al corazón, y todos entendimos el gesto, que es mutuo entre la fanaticada mexicana.


Hay una cosa imposible de negar, y esa es la profunda conexión que hubo entre Dave y los asistentes, las emociones a flor de piel, en lo que lejos de ser una despedida parece más un encuentro de viejos amigos para headbanguear y rememorar con el corazón latiendo a mil por hora. Tanto así, que dedico unos momentos a contemplar esa imagen, a escuchar su nombre coreado en miles de gargantas y quizá pudo sentir ese microsismo del inmueble de la alcaldía Azcapotzalco, ese ligero movimiento telúrico, que no asusta, es más similar a un pulso. Un par de lágrimas rodaron por las mejillas de un Mustaine conmovido que acariciando su larga cabellera tocó una canción extra antes de que el telón bajara. 18 canciones, un recorrido por diferentes eras, y, un adiós que evoca a la sonrisa y al llanto, es una despedida que no se sufre, Megadeth nos dio una de las mejores noches de tormenta de un lunes en mayo que nadie pueda imaginar.

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