RAPSODIA BOHEMIA: UNA REINA PARA TODOS LOS GUSTOS

Por: Saúl Arellano Montoro

Una de las más grandes frustraciones al salir del cine luego de ver está propuesta de Bryan Singer es que nunca sabremos lo magnífica – y desde luego superior – que pudo haber sido la película teniendo a Sasha Baron Cohen en el papel del igualmente magnífico Mercury.

Esto sucede cuando tienes subido a tu espalda a dos de los integrantes del grupo en cuestión objetando y cambiando todas tus decisiones creativas para lograr un producto de acuerdo a lo que ellos querían mostrar en lugar de tu manufactura narrativa.

De esas pocas veces en las que se agradece que Freddie Mercury este muerto para evitarle la pena de que viera una película que lo deja muy por debajo de lo que significa su persona en la cultura popular del mundo entero.

“IT´S SO EASY WHEN YOU KNOW THE RULES”

La película como tal es de una inocencia que asombra y por lo mismo lo que vemos en pantalla es una serie de videoclips estructurados como documental de la vieja escuela de MTV y luego de VH1 y desde luego que esta no era la idea sino por el corto rango de movimiento que tenía Singer y que sacó adelante la película más por el extraordinario oficio como narrador que tiene por contar con un guión solido o libertad creativa claramente secuestrada por Brian May y Roger Taylor.

La cinta está armada de forma mecánica y predecible una vez que conocemos la historia de como se forma el grupo – como tantos en la historia del Rock pero que sirve bien para los neófitos de Queen – y la manera en la que van estableciendo los lazos que terminan conviertiendolos en una familia más allá de un grupo. Luego no es más que una secuencia repetible de “impulso creativo musical y la canción presentada al público”. Así nos llevan durante casi 100 minutos que, siendo condescendientes, es lo que busca el fan y el neo-fan de Queen; un GIGANTESCO videoclip de casi dos horas de música del grupo.

Desde esta perspectiva la película cumple y cumple muy bien por el simple hecho que la música del grupo es electrizadora haciendo imposible que no lleves el ritmo o incluso cantes imperceptiblemente cada una de las canciones porque las que se presentan son – evidentemente – las más populares y comerciales de la banda. Esto sucedería igual en un bar, en una reunión, una fiesta o una sala de cine; no es necesario pagar un boleto de cine si lo que quieres es emocionarte con las canciones de Queen. Pero como esto es UNA PELÍCULA pues se estructura como tal y se logra un nicho nuevo para la organización formada por Taylor y May que queda ya en la historia de la cinematografía mundial.

“I´M JUST A POOR BOY, NOBODY LOVE ME”

Retomando el inicio del texto, el joven actor Rami Malek quedó muy corto en la interpretación de Mercury pese al notorio esfuerzo que Singer puso para lograr captar la esencia del interprete. Por lo mismo y de nueva cuenta, visto como lo que es; un producto cinematográfico, la poca presencia de Malek no permite que aglutine la propuesta interpretativa con lo visual y lo poco llamativa que resulta para sostener la cinta. Curiosamente los personajes secundarios a la banda dan esa fuerza que era necesaria para que el público mantuviera el interés entre canciones  – los huecos de la misma – con lo que sucedía; de resaltar la secuencia donde aparece Mike Myers en el papel del productor Ray Foster una de las más divertidas referencias de toda la película.

Por otro lado, y también es sorprendente dado el tamaño de director, el tema de la soledad en la que vivió Mercury es abordado de forma muy burda; secuencias cargadas de lugares comunes donde el arte narrativo de Singer desaparece para dejar paso a interpretaciones sentimentaloides sin la más mínima exigencia hacia los actores. Y aún cuando se trata de hacer una película de QUEEN donde Freddie Mercury es parte primordial no tocan los temas incómodos de los otros integrantes  dejando que el morbo se centre en el momento dispendioso de vida del cantante y la libertad de experimentar con drogas y ejercer su sexualidad por, justamente, estar atrapado en una soledad abrumadora. Esto no es abordado de forma amarillista y si muy respetuosa marcando justamente la frontera donde de pronto la película da un golpe de timón y cambia a ser lo que cinematográficamente esperábamos ver y que se tardó más de 90 minutos en llegar; Una película del momento más brillante de la carrera del grupo Queen: LIVE AID 1985.

“WE WILL, WE WILL ROCK YOU”

La década de los 80 es retratada de forma precisa en la película; los temores al SIDA y como fue matando gente alrededor del mundo se resume en una bella secuencia del momento en que Mercury es informado de haber contraído la enfermedad. A partir de este momento es que reconocemos de nuevo la narrativa de Bryan Singer – aún cuando tuvimos unos pocos chispazos antes – y la película da un salto cualitativo impresionante con lo que se entiende que todo lo anterior fue simplemente un camino al momento apoteósico del grupo esa tarde del 13 de julio de 1985. El director parece retomar el control de su película para ofrecernos momentos realmente emotivos que concluyen con los poco más de 20 minutos de la presentación de Queen en el concierto global de LIVE AID 1985.

Para los que presenciamos en vivo la transmisión por televisión del concierto, la representación de ese momento fue impactante debido al cuidado del detalle en cada una de las tomas que reprodujo Singer con su camarógrafo Newton Thomas Sigel dando a la película el impulso final necesario para volverla entrañable. Y si bien es cierto que el DVD del concierto de LIVE AID circula desde el 2005, es como contexto de la película que tiene todo el sentido de por qué decidieron lanzar la historia del grupo en un momento en que la industria musical esta dando saltos sin sentido de un lado a otro.

“WHO WANTS TO LIVE FOREVER?”

En resumen; RAPSODIA BOHEMIA es una película para dos públicos:

Los que solo conocen a Queen por el álbum de éxitos (incluso en cd) cuya exigencia se reduce a poder cantar las canciones en la película y mover los brazos al ritmo de “We´re the Champions” emulando a los fans de Star Wars que en los cines prenden y oscilan los sables de luz cuando aparece el logo de su amada saga. Para ese público la película es perfecta; porque les da todo lo que pueden llegar a exigir de una película de Queen: Poder cantar en la sala de cine y que nadie les haga guardar silencio; es más, que hagan todos los coros al unisono.

El otro público, el cinematográfico, no quedará tan contento porque saldrá con una sensación de “esperaba más” y no necesariamente con las partes obscuras de Mercury sino por la manufactura cinematográfica. Es una película mediana y “linda” que se sostiene por la emotividad de las canciones y en el cierre por el golpe desgarrador de la nostalgia de una década que vivimos a plenitud todos los que pasamos de 40 años.

Sin embargo, a la película le va a ir muy bien, las ventas del soundtrack serán abrumadoras y la “Queenmania” despegará para sumar a las filas monetarias de May y Taylor muchas ganancias en lo que resta del año otorgadas por los “seguidores de ocasión” que se generaran a partir de esta película.

Ready Freddie?

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