VOLAR, HACIA UN MUNDO INFANTIL

Por Sergio A. Ubaldo S.

Portada VolarA través de una narrativa ágil y una sólida construcción de sus personajes, Volar, texto de Yolanda Flores editado por el Fondo de Cultura Económica, presenta una historia entrañable que contrasta dos mundos, el infantil y el adulto. La también autora de Los agujeros negros y promotora de pequeños lectores, vislumbra una crónica de vuelo, la cual muestra, que pese a las diferencias, siempre hay un punto de coincidencia en cada ser humano. Aquí una breve conversación con la escritora de origen colombiano.

En su relato, la idea trivial del mundo infantil y el contraste tan marcado entre ambos personajes resulta muy interesante.

Tenemos una idea superficial o quizá incompleta de los niños, esta historia recoge mucho de esa complejidad y sobre todo de lo que se logra escudriñar y construir de una conversación cuidadosa en la que dos personas de a poco se van quitando las máscaras. Loa viajes a veces son eso, maneras de salir y desestabilizarte de lo cotidiano y lo inmediato para ver el otro lado de las cosas. Aquí hay una conversación entre dos personajes tan distintos: una señora feroz que vuelve a Colombia a dar una charla y cuyo regreso es conflictivo pues es víctima de la violencia; del otro lado está un niño quien termina sus vacaciones en casa de su padre y va de regreso con mamá. Está lo que lleva a cuesta la mujer, pero también un prejuicio que subestima la capacidad de mirada de niño y su capacidad de empatía, de descubrir quien es el otro y también la complejidad de sus emociones y las ambivalencias que enfrenta. Muchos de estos niños viven en dos realidades y desarrollan una impresionante capacidad de adaptación a dos casas, lo que en cada lugar está permitido y no podría funcionar en la casa del otro, aprenden a pisar en un campo minado.

En su personaje infantil percibo algo de soledad, quizá hasta abandono y

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Yolanda Reyes, escritora

vulnerabilidad, pero este niño aprendió a adaptarse a esta realidad.

 

Me parece interesante que comentes que está desprotegido y solo. En la historia se ve que lo cuidan mucho los adultos, viene de la casa del papá, claro sabremos que éste tiene toda una historia y la madre tiene otra, pero ambos muy pendientes de su hijo. Hay muchas cosas de las cuales no pueden atender, como esa vida interior y esa sensación de vulnerabilidad. Curiosamente está en un avión con una mujer hostil, quien también afronta una situación de vulnerabilidad y todas esas capas emocionales debajo, que son las que me interesan a la hora de escribir. Descubrir, descifrar, escudriñar en todas esas cosas que hay detrás.

Todavía en Latinoamérica persiste un modelo de familia tradicional, pero en Volar hay un visión diferente.

Sí, pero tampoco es tan reciente, basta mirar en la historia de la infancia. Muchos dicen antes la familia estaba compuesto por mamá, papá y los hijos, pero si reflexionas antes los padres se morían muy rápido, la medicina ha avanzado mucho, pero habían muchos niños huérfanos. Por ejemplo en la generación de mi mamá que tiene ochenta y pico de años, o la mamá o el papá fallecieron, si vamos a los cuentos de hadas éstos siempre arrancan de una pérdida. Incluso cuando se habla de familias más armadas, hay una cantidad de circunstancias conflictivas que afrontaban los niños a pesar de que los padres estuvieran juntos. Dolores, silencios, que aprendimos a contar ahora, sin embargo, tienes razón, las familias de ahora son muy distintas, los niños desarrollan muchas capacidades de adaptación, pero también tienen muchas preguntas y afrontan muchas ambivalencias, muchas culpas. Por ejemplo en Volar, donde el hijo enfrenta el sufrimiento de la madre a la que el esposo deja por otra, algo difícil sobre todo cuando se tienen 10 años. Ahí está la literatura, clavando la mirada y abriendo las heridas, ventilando esas historias para hacerla complejas.

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José Rosero, Ilustrador

En este sentido, resulta doloroso involucrar a los hijos en la dinámica que genera el fin de una relación.

 

A esa edad los niños son tan concretos, además un poco egocéntricos,  piensan que todo lo que pasa es culpa de ellos, que tal vez si se portan mejor los padres vuelven a estar un juntos, una cantidad de cosas que traen los niños encima. De alguna forma esta mujer que parece tan feroz tiene esa labor terapéutica de sacudirle esa culpa, en algún momento le cuenta de una vecina preguntaba a sus hermanos y a ella a quien de sus padres querían más, y es muy culpable no poder saber eso.

A veces los adultos no medimos el alcance de las palabras.

Claro pero más allá de eso, a veces todos los adultos y los niños enfrentamos eso, a cuál de los papás querríamos más, aunque se niegue eso está ahí con muchos sentimientos encontrados.

Suena a lugar común, pero los niños son los lectores más sinceros, no hay medias tintas. ¿Qué tan  complicado es trabajar con los pequeños en un círculo de lectura?

Adoro trabajar con los niños, son grandes lectores en todos sentidos, de una sabiduría enorme. Tienen una conexión muy a flor de piel con los libros y eso es maravilloso pues de inmediato sabes si conectaste o no, pero además hay mucha sensibilidad y una compenetración. Cuando presentamos Volar en Colombia hablé con un par de chicos, un niño de 12 y una de 13, quienes han estado muy cerca y se han formado en Espantapájaros, el círculo de lectura que llevo a cabo. Esa conversación con los niños fue de mucha sabiduría, las cosas que me dijeron, la lectura que hicieron del texto, sin duda una de esas conversaciones memorables. Creo en la capacidad de lectura de los niños, en su gran nivel de conversación, es un privilegio estar cerca de un niño y absorber un poco de su sabiduría.

Hace un rato mencionaba la vulnerabilidad de los niños, sobre todo en este momento tan convulso, ¿Cómo sociedad hay un compromiso palpable con la niñez?

Como países, como estados, como sociedad civil, hemos avanzado en la legislación. Hemos descubierto que los niños tienen derechos y no son osos de peluche, que son ciudadanos plenos y merecen garantías de derecho. Los gobiernos por lo menos tienen más claro lo teórico, parece que es más concreto en la legislación que en los hechos. En lo real es más difícil transformar las cosas, los imaginarios. De alguna forma nosotros como niños fuimos formados de otra manera, pensamos en la infancia desde ese tipo de formación, reproducimos esos modelos con los que crecimos y nos heredaron nuestros padres. Creo que hay que hacer un cambio grande del paradigma, pero es quizá un proceso lento. Hay avances, pero también hay una población grande de niños en Latinoamérica y eso debe tenerse en cuenta. Los políticos besan a los niños en sus actos de campaña y después no los toman en serio, se les olvida que van a crecer y que después todos vamos a depender de esos niños a los que hoy no atendemos.

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