INDIVIDUOS CATÓDICOS: EL RIESGO TRAS VER DEMASIADA TELEVISIÓN

Por: José M. Viniegra

BBC-TV1La televisión fue un invento maravilloso en malas manos (creo), como lo fue la energía atómica. Tuvo un potencial enorme que se estropeó. Esto me recuerda aquel juego infantil en que varios niños encontraban al paso una moneda y alguno gritaba “yo la vi primero” para apropiarse de ella. Dicho así, cuando se encontró la energía atómica –o el ingenio Einstein- alguien dijo: “yo la vi primero”. Y ese “muchacho” que la vio primero era el maloso de la palomilla o de la bandita.tv

Cuando se inventó el televisor, ese majestuoso mecanismo manipulador de rayos catódicos sobre una cortina fluorescente que resplandecía al contacto, se pudo haber obtenido una amplia gama de usos más. Algunos salieron a la luz. Un ejemplo es el caso de las pantallas en las computadoras que hoy manejan un sinnúmero de actividades programadas en un ordenador. Pero esto abrió por igual la puerta al voraz consumismo que, como suele ocurrir, encontró un artilugio fácil y desprovisto de criterio por parte del comprador que le divierte al instante y fue vendido en enormes cantidades alrededor del mundo.

HUMANIDAD ... DESPIERTAEs obvio que el televisor puede ser usado para educar y generar consciencia, como algunos canales culturales lo hacen, o puede ser usado para deseducar (caro que sí) y generar inconsciencia como lo hacen algunos programas solapados (no entraré en detalles). Pero el problema principal del televisor, al menos desde mi observación, no radica tanto en la calidad de su programación. El inconveniente mayor estriba en que es un canal de comunicación de una sola vía; va en una sola dirección.

Cuando platicamos con alguien, cuando alguien nos habla por cualquier razón, siempre podemos darle un acuse de “recibido” a esa otra persona e interactuar con ella en la comunicación. Podemos estar en acuerdo o en desacuerdo.TV-CEREBRO-300x293

Incluso con las máquinas e instrumentos de nuestro diario trabajo podemos estar en sintonía o no; podemos cerrar un libro si no nos gusta; podemos decir “con permiso” a alguien con quien no sentimos ya empatía en la comunicación. Podemos defendernos de algo que no nos gusta y se nos ha dicho.

Pero frente a un televisor (e incluso la radio), por más que cambiemos de canal, no podemos dejar de tener en todo instante una comunicación de una sola vía. Toda cosa que el TV nos dice se vierte en nosotros sin poder externarle nuestro juicio. Tendíamos que estar apagando el TV a cada rato, y como eso sería absurdo para todos nosotros, terminamos por aceptar con holgura la labor de una máquina que nos incrusta e incrusta información; muchas veces, demasiado chafa.

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