IMPRIMIENDO VIDA A LAS COSAS

Por: José M. Viniegra

¿Has notado alguna vez que algo que “se quiere” vive mejor? Esto podría haberte sido real cuando tuviste alguna mascota, por ejemplo, y ésta llegó a desarrollar una “personalidad” mejor que la de cualquier otro animal. En contraste, un animal que no recibe cariño suele ser osco, medio ordinario; demasiado animal.

Esto no sucede sólo con los animales. Sucede también con las cosas. Por ejemplo: una casa que se toma por “simple techo” suele tener sus días contados más de lo que lo tendría aquella que sea constantemente motivada por el cuidado de su dueño. Y podría ser lo mismo para el cuaderno que más apreciemos, el par de zapatos o la ropa que más procuremos.

Asimismo, y siendo éste el punto que más me conmueve a escribir esto, sucede con el ser humano, con las personas de carne y hueso que nos rodean día a día. La gente que nos rodea tendrá vida –entre otras cosas – en la medida en que se la demos nosotros. Claro que no hablo de la vida que nos da la naturaleza, en el vientre de la madre o al momento de nacer. Hablo de “eso” que todos alguna vez sentimos como en los ejemplos anteriores y que imprime vitalidad a las cosas, a los seres y a las personas.

Esta es una cualidad que tenemos y que imprime un ápice o un mucho de calor vital en quienes nos rodean. No me creas: haz el experimento. Ésta es la base de los estratos sociales. Desde la familia, en casa: los hijos, los abuelos, los padres, hasta las mascotas: el loro, el perro, el gato, pasando por las cosas: nuestras posesiones, las posesiones de nuestra familia, nuestro planeta, son, todas ellas, susceptibles de llenarse con la vitalidad que uno les estampa. De hecho, otro experimento sería observar qué cuidado y atención da el dueño de un negocio que prospera, contrario con aquél que sólo sale al paso.

De aquí surgen esas frases: “Es que a su lado uno se siente bien”, “Es que revivió cuando tú llegaste”, “Es que ahora se comporta mejor”, “Es que este lugar se siente diferente en la atención”. De ahí vienen estas frases. 

Lamentablemente, y en contraste con todo esto, existen asimismo personas que se encuentran dispersas en la sociedad, en las casas, en las escuelas, en las instituciones, en el trabajo, en las calles, en los medios de comunicación, en los gobiernos, y que roban la vitalidad de los demás, mediante sus propagandas y sus discursos, mediante el empleo de artimañas “meten la espinita”, la mentira, los datos falsos, las ideas que en pro de la ayuda destruyen. Antes eran llamados: “pájaros de mal agüero”.

Si tuviéramos un método para identificar a las personas que pueden imprimir vitalidad en la sociedad y a aquellas que le roban vida y meten cizaña en los diferentes grupos y estratos sociales, económicos y educativos, podríamos –tal vez- comenzar a cambiar algunas cosas de raíz.

Personalmente, conozco formas conocer e identificar a las personas que tienen las características más antisociales de entre todas las personas que conocemos. Si te interesa el tema, deberías contactarme. Aunque, al final de cuentas, lo dejo a tu libre decisión. Y así como vierto acá mi opinión, la que te formes queda por completo en lo libre de tu albedrío.

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