Ska-P suministró a México lo mejor de sus 20 años

Por: Luis Rodríguez/Fotografías: Sergio Bautista(Ocesa)

S5Gran “skandalo” armó Ska-P la noche del viernes por sus 20 años de trayectoria en el Palacio de los Deportes donde hubo lleno total.

En tiempos de violencia, injusticia, pobreza y llanto sabemos bailar. Desde España llegó el grito del 99 por ciento, de una mayoría que se queja, sufre y suda para poder vivir, mejor dicho sobrevivir.

 Para abrir el evento, en una noche en que todo México está de luto por nuestros normalistas de Ayotzinapa. «La Milixia» de Costa Rica  inspiró la energía del ska, ocho años de trayectoria los avalan.

Las peleas no faltaron, mucho menos en la sección de prensa, ya que la organización por parte de los acomodadores se puso en duda.S6

Ska-P apareció, “Full gas” prendió el interruptor de la agitación y explosiones en cuerpos chocaban sin parar. Al finalizar se escuchó «Como están mis camaradas mexicanos», gritó el vocalista de la banda Pulpul, un grito unísono fue la respuesta, Ska-P contestó con  “Estampida”.

S2Enseguida los «puercos» aparecieron para frenar a unos chicos malos (por no decir desmadrosos) que le quemaban «las patas al diablo» y jaloneaban las rejas de seguridad del palco. Un representante de la prensa, que no parecía ser reportero, sacó la «bachita» y con eso tuvo para hacer desmanes, como el intento de robo de una cerveza,  y quedar bien idiota el resto del concierto.

Después siguió el “Niño soldado” y “Crimen sollicitations”. Este tema  “el maldito diablo», quien Pipi caracterizó,  vestido de pastor cantó al oído de todos. El «chamuco» se divirtió al pervertir a los hijos olvidados, gozó como en aquellas fiestas de barrio o como en los bares de mala muerte donde su elixir, llámese cerveza, calmo la sed de las llamas del evento.

 «20 años y estamos tirando por el culo al sistema» anunció Pulpul antes de que tocarán «Vergüenza”.   El matador, Pipi,  apareció a escena. Los vendedores eran demasiados, tenían que sobreexplotar a los asistentes y estorbaban. Uno de ellos se veía cansado, tal vez porque como el resto de sus compañeros tuvo que venderle el alma al capitalismo salvaje, así que le pidió un «toque» a un «motorolo». Después de esta escena causalmente se escuchó la entrada del tema «Canabis».

Un lleno total inundaba toda la vista, el gentío era comparable como un mal día en la estación del metro Pantitlán, no muy lejana del Palacio de los «rebotes». Una chica merodeaba para pedir algo de yerba verde. Le obsequiaron lo suficiente para un «porro».S4

«Somos el 99 por ciento de los sobrevivientes, los medios de comunicación nos infunden miedo. Este tema está dedicado a  los 43 estudiantes asesinados, futuros maestros, futuros profesores…Camaradas, allá donde estéis, esto es para vosotros. ¡Hasta la victoria!», enérgicamente inspirado expresó Pulpul.

“Se acabó” y los puños, pies, codos y todo el cuerpo fueron usados para atacar y defenderse de un baile sin igual, «slam», un ritual que por momentos generó un remolino en el mar de gente. Algunos «hechiceros  skatos» prendieron pirotecnia, ellos danzaron en una fogata blanca que cegaba momentáneamente.

 Un nudo que estrangulaba  las  gargantas del pueblo se deshizo, salió un grito de emociones para  exigir que se acabara el miedo.

S3La brutalidad con la que describió el «preciso» Peña Nieto los acontecimientos de lo ocurrido a los 43 estudiantes ojalá se hubieran borrado con toda la energía que se expandió entre todos los asistentes. Pero la historia es diferente y triste.

 Un puño al aire. Todos los puños arrancaron la dimensión que conectaba este universo con el no tiempo, el resultado fue estruendoso, la mezcla heterogénea entre músicos, público, canciones y palmas por poco generaron un “Big Bang”.

Además Ska-P dedicó un tema para Carlos Giuliani, quien fue asesinado por “Solamente por pensar”.  Con gaitas se ganaron el «Derecho de admisión”.

 La música es un tesoro que se hereda  de abuelos a padres, de padres a hijos y así será por el resto de los tiempos. El ska no es la excepción, ya que por lo menos tres generaciones se dieron cita para ver a Ska-P en vivo. Prueba de esto fue cuando al escenario subieron a dos niños para que se deleitaran al bailar «Ska Pa».S7

 “Mis colegas” y la historia de “Romero el madero” contagiaron vigor. De nuevo Pipi se caracterizó, esta vez de un gorila el cual estaba vestido de granadero. Después Pulpul anunció felizmente: “Muchísimas gracias por estar ahí, siempre que hemos venido están ahí». Continuaron con “Intifada”.

Dos o tres batallas campales se desarrollaron a lo largo del evento. Campales sin muertos, sólo «gatos obreros» defendieron su territorio y su hombría. El ska siempre saca la fuerza vital de los hombres, a veces de forma positiva, otras veces a lo bruto.

“Esta canción es para  cantarle a un gigante venezolano… y que la revolución le de vuelta a este México corrupto. ¡Viva la revolución!”, vociferó Pulpul. «El libertador» llegó. Seguido de «Mestizaje”.

 El tema más coreado y brincado fue “Vals del obrero”, el cual sacudió la fuerza del pueblo aglomerado, pueblo que gastó más de diez salarios mínimos para ver a Ska-P, contradictorio. La vibra hizo que algunas nubes cayeran a ras de tierra, una neblina cálida nos abrazó.

S8La banda española se retiró sin concluir la canción. Se ausentaron por algunos minutos, la espera desquició a muchos, gritos de «otra» o «insistimos» se expresaban fuertemente con irá.

Como «Terminator», ellos regresaron. Un “skandaloso” “Cielito lindo» se entonó. “El hombre resaca baila ska”, “Canto a la rebelión” y  “A la mierda” se interpretaron como plus. El postre, «Gato López» y la parte que faltaba de «Vals del obrero» dieron por concluida la visita de Ska-P a México.

Después regalaron sus plumillas, botellas con agua, Pulpul obsequio la playera que portaba, enseñaron las nalgas, dieron todo lo que podían dar. Se tomaron una selfíe y dijeron: «Hasta siempre. México, carnales».

 Aquel enorme mar de gente comenzó a volverse en ríos que se distribuyeron en varias direcciones, la rosa de los vientos marcaría su dirección, o tal vez el mapa del metro Velódromo. Aún late «skañol» en nuestra cultura.

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