Por: Redacción
La noche del jueves, Paseo de la Reforma volvió a convertirse en el punto de reunión de miles de aficionados que salieron a las calles para festejar la victoria de la Selección Mexicana por 2-0 ante Sudáfrica en el partido inaugural de la Copa Mundial 2026.

Lo que comenzó como una celebración espontánea terminó transformándose en una auténtica verbena popular. Conforme avanzaban las horas, familias, grupos de amigos, turistas y aficionados de todas las edades fueron llegando al emblemático monumento para prolongar la fiesta que había iniciado desde la mañana en distintos puntos de la capital.
Entre banderas ondeando, camisetas verdes y el sonido constante de las porras, el Ángel se convirtió nuevamente en el epicentro de una celebración futbolera que reunió a cerca de 150 mil personas sobre Paseo de la Reforma.
La música tomó el relevo del balón. Mariachis, agrupaciones de danza folklórica y artistas invitados acompañaron la jornada con un programa que mezcló algunas de las expresiones más representativas de la cultura popular mexicana. Sobre el escenario desfilaron Mariachi Mexicana Hermosa, Mariachi Juvenil Azteca 2000, Mariachi Gallos, Mariachi Son de Hidalgo, el Ballet Folklórico Herencia Mestiza, el Ballet Amo a México de Lolita Menchaca y la cantante Carolina Ross.
Más tarde, Sonido La Changa puso a bailar a miles de asistentes que continuaban celebrando el resultado obtenido por la selección nacional en el arranque del torneo.
La escena recordó otras noches históricas en Reforma, donde las victorias deportivas suelen trasladarse rápidamente de los estadios a las calles. Esta vez, sin embargo, el festejo tuvo un ingrediente especial: el inicio de una Copa Mundial que se vive en casa y que ha convertido a la Ciudad de México en uno de los principales escenarios de la fiesta futbolera.

Mientras las luces iluminaban el Ángel y las canciones seguían resonando sobre la avenida, la celebración dejó una imagen difícil de ignorar: miles de personas compartiendo el mismo espacio, la misma alegría y la misma esperanza de que este apenas sea el primer capítulo de un verano mundialista que promete mantener a la ciudad en constante celebración.
