Miles de personas se reunieron en parques y plazas para vivir el inicio del Mundial 2026

Por: Redacción

Fotografías: Secretaría de Cultura de la CDMX

La Ciudad de México convirtió el Mundial en una fiesta de barrio

La mañana del jueves comenzó con camisetas verdes, banderas ondeando entre los árboles y familias buscando un lugar frente a las pantallas gigantes. El silbatazo inicial de la Copa Mundial 2026 no solo marcó el arranque del torneo; también transformó parques, plazas y deportivos de la Ciudad de México en puntos de encuentro donde el fútbol y la cultura compartieron el mismo escenario.

Con la inauguración de los Festivales Futboleros, impulsados por la Secretaría de Cultura capitalina, 18 espacios públicos de la ciudad se sumaron a una celebración que se extenderá hasta el 19 de julio con transmisiones gratuitas de los partidos, actividades artísticas y propuestas culturales para todas las edades.

En el Parque La Bombilla, al sur de la ciudad, la jornada arrancó con la presentación de la cantante regiomontana Renee. Mientras las primeras canciones sonaban sobre el escenario, familias completas se reunían poco a poco alrededor de la pantalla principal. Conforme avanzó el partido inaugural entre México y Sudáfrica, el entusiasmo fue creciendo hasta explotar con la victoria mexicana. Entre abrazos, aplausos y el inevitable coro de Cielito Lindo, la celebración terminó pareciendo una reunión entre vecinos que una transmisión deportiva.

La escena se repitió al otro extremo de la capital. En el Parque Tezozómoc, en Azcapotzalco, el ambiente comenzó desde temprano con comida, artesanías y música. La Internacional y Explosiva Sonora Dinamita fue la encargada de poner a bailar a miles de asistentes antes de que la atención se trasladara a la pantalla gigante. Cuando rodó el balón, los tambores, las trompetas y los cánticos se mezclaron con cada jugada de la selección mexicana.

Más de tres mil personas ocuparon el espacio público para seguir el encuentro, convirtiendo el parque en una especie de estadio improvisado donde convivieron varias generaciones de aficionados.

Mientras tanto, en Plaza Garibaldi, uno de los rincones más emblemáticos de la ciudad, el fútbol tomó por un día el lugar habitual de las serenatas. Desde temprano llegaron habitantes de distintas alcaldías, visitantes nacionales y turistas extranjeros para seguir el debut mundialista. Entre gritos, abrazos y algunas lágrimas de emoción, la plaza se pintó de verde, blanco y rojo.

La celebración no terminó con el silbatazo final. Mariachis y grupos norteños acompañaron los festejos mientras cientos de personas entonaban clásicos como Cielito Lindo y El Rey, prolongando una jornada en la que el Mundial se vivió más como una fiesta comunitaria que como un simple evento deportivo.

Durante el primer día de actividades, los Festivales Futboleros dejaron claro que la apuesta va más allá de transmitir partidos. La intención es convertir plazas, parques y espacios comunitarios en lugares donde el deporte sirva como pretexto para reunirse, convivir y apropiarse de la ciudad.

Y si algo quedó claro en este arranque mundialista, es que en la Ciudad de México un partido de fútbol puede terminar pareciéndose a un concierto, una verbena popular o una reunión de barrio. A veces, incluso, a las tres cosas al mismo tiempo.

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