Monsters of Rock sacude la Arena Ciudad de México con Opeth y Judas Priest

La Arena Ciudad de México se convirtió en un auténtico santuario del metal este fin de semana, gracias a una nueva edición del Monsters of Rock, que reunió en el escenario a dos colosos del género: Opeth y Judas Priest.

La velada comenzó a las 9:00 p.m. con la presentación de los suecos Opeth, encargados de abrir el ritual sonoro con su característico metal progresivo, oscuro y técnico. La banda, liderada por Mikael Åkerfeldt, ofreció un repertorio denso pero hipnótico que incluyó temas como “Ghost of Perdition”, “Master’s Apprentices” y “The Moor”, envolviendo al público con atmósferas profundas y cambios de ritmo vertiginosos.

El momento más épico llegó con “Ghost of Perdition”, una pieza de más de diez minutos que llevó a los asistentes por un viaje entre brutalidad y calma. También sonaron la melancólica “In My Time of Need”, la poderosa “Sorceress” y el broche final con “Deliverance”, que arrancó una ovación general. Sin buscar protagonismo escénico, Opeth se adueñó del respeto del público a punta de virtuosismo y profundidad musical.

Cerca de las 10:40 p.m., la arena se sumió en oscuridad. Segundos después, un rugido colectivo anticipó lo inevitable: Judas Priest estaba por aparecer. Con “Panic Attack” —tema de su más reciente disco Invincible Shield—, los británicos arrancaron una noche que combinó nuevos lanzamientos con himnos clásicos del heavy metal.

La banda, encabezada por el incombustible Rob Halford, entregó una descarga de poder con canciones como “You’ve Got Another Thing Comin’”, “Rapid Fire”, “Breaking the Law”, “Love Bites” y “Turbo Lover”. El público —una mezcla de veteranos y nuevas generaciones— no paró de cantar, saltar y levantar puños al aire durante toda la presentación.

Uno de los momentos más celebrados fue la interpretación de “The Green Manalishi (With the Two Prong Crown)”, un clásico originalmente de Fleetwood Mac que Judas Priest ha hecho suyo desde los años 70. El clímax llegó con “Painkiller”, un auténtico estallido de velocidad y potencia.

Para el encore, la banda regresó con tres joyas: “Electric Eye”, “Hell Bent for Leather” y “Living After Midnight”, cerrando con energía una jornada que dejó al público extasiado. Cada riff, cada solo y cada alarido confirmaron que Judas Priest sigue siendo una máquina perfectamente engrasada.

 

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