LA PESADA REALIDAD: Tenerlo todo, gastar y mentir

Por: Cristhian Chavero López

CHAVEROAlguna vez, no tuve trabajo y pasé varios meses viviendo de préstamos, las ventas de mis libros y chambas ocasionales; tenía que decidir cada noche el presupuesto del día siguiente y escoger entre pasajes, comida y cualquier otra cosa.

En esa época pasé por el centro comercial con algo más de $100 pesos y compré alimentos, al pagar me devolvieron mal el cambio, mientras me daba a la tarea de entender si me dieron dinero de más o de menos, al sospechar que me favorecía el intercambio, malamente, tuve unos segundos de indecisión, sobre si debía devolver o no los nueve pesos, cuando solucioné que no valía la pena quedármelos, la cajera también resolvió que yo tenía dinero que no era mío y me los pidió antes de que yo manifestara la iniciativa de regresarlos.

Me apena contar esto, porque mi circunstancia me hizo dudar sobre agandallarme nueve pesos, que me permitían comprar unos tres boletos de metro (en ese entonces Mancera todavía no decidía “junto a nosotros” el incremento a cinco pesos).

Entonces me pregunto ¿cómo es que alguien que lo tiene todo decide quedarse con más de lo que ya tiene? Me estoy refiriendo al gobierno en el poder de facto, a la mayoría de los grandes empresarios, criminales y políticos. No hablo de personas que tienen una empresa con dos camionetas repartidoras, ni a quien tiene una escuela privada y dos panaderías; estoy describiendo a quienes tienen suficiente dinero y poder para decidir lo que haremos el resto de los 120 millones de mexicanos.Captura

Describo la anterior anécdota porque es importante no sólo el tema de quedarse o utilizar dinero ajeno en beneficio propio, sino porque caza también con lo que se dice, cómo se enuncia y porqué se cuenta o no. Pondré un ejemplo.

Recientemente el nuevo secretario de la educación pública, Aurelio Nuño Mayer publicó, con su firma, un artículo en La Jornada, ¿Acaso el secretario, recién designado, será ahora articulista en ese periódico?

No, seguro que no será así, lo que vimos aquel 11 de noviembre fue algo mucho más común en nuestro país y en todo el mundo, se llama gacetilla o inserción pagada. La diferencia con la publicidad común y corriente, es que las gacetillas se hacen pasar por noticias genuinas de cada medio, ya sean impresas, transmitidas por microondas o por la red.

sepAnteriormente en La Jornada solían encerrar en un recuadro, muy discreto, a las gacetillas, así avisaban que esa noticia no era responsabilidad total del diario. Pero ahora es común encontrar notas que resaltan por ser tan favorables.

No me malinterpreten, sigue siendo un diario muy crítico, pero en la portada suelen haber notas donde el encabezado es una declaración de Peña o de alguno de sus favoritos, ya sean gobernadores como Eruviel Ávila o de sus secretarios, como Nuño u Osorio Chong.

En periodismo, cabecear las notas o el arte de crear títulos es algo que no se toma a la ligera, es la diferencia entre ser leído por cientos o por miles, entre contar con 120 hits en la red o contar con millones de visitas de más de 5 minutos.

Para que pongan la declaración es porque o bien, alguien cree que puede vender más periódicos con una frase como “Serán maestros quienes decidan si quieren diálogo o pugna: Nuño” o el gobierno federal paga para que así suceda y se ponderen estas obras de propaganda sobre noticias de verdad en la portada.

Ya estoy acostumbrado a cumbres de estrategia de comunicación gubernamental como esta columna de Ciro Gómez Leyva,Captura2 quien alguna vez dirigiera una de las televisiones más críticas de México, Canal 40, ese que hoy es el principal denunciante de los medios críticos. Pero en La Jornada no solían ser tan pro presidencia.

Bueno, si no eres lector de ese periódico ¿por qué deberías preocuparte si les está yendo mejor y están entrando al mercado sin prejuicios y miedo al progreso? Pues porque ese alejamiento de prejuicios trasnochados posrevolucionarios es fruto del pago del gobierno federal, es fruto de nuestro dinero.

Es decir que tú y yo pagamos por mensajes como este video, que no explica el cambio en la ley, no te hace saber en qué consiste, ni cuáles son los cambios, porque es propaganda que pretende motivar, persuadir, aplacar, no resolver, ni dar a conocer, no enseña, no beneficia, no genera discurso crítico, no reta al público, es una mentira… es publicidad.

Nos importa porque el gobierno que encabeza Peña, entre 2013 y 2014, ha gastado más de 14 mil 663 millones de pesos en publicidad oficial, peor aún, se gastará más en 2015 y todavía más en 2016. Hace falta comunicación gubernamental para campañas de salud, de educación; hacen falta millones de pesos en todo y habrá recorte, me consta de primera mano que varias universidades recortarán su presupuesto a la mitad.

Ahí va un dato de la revista de ego masculino aspiracional, Forbes, para que no digan que todo lo saco de las mismas fuentes izquierdosas: http://www.forbes.com.mx/deuda-la-bola-de-nieve-dentro-del-presupuesto/ “el costo para pagar el financiamiento del gobierno federal llega a 2% del PIB, mientras que la deuda en total equivale a 30%”, del PIB, es decir que Peña endeuda al país, pero gastará menos dinero en lo que es su obligación.

Mi reclamo es ¿Por qué Peña y sus compinches o sus jefes pueden gastar ese dinero público en mentirme y yo dudé en quedarme nueve pesos de cambio un día que tuve hambre? ¿Por qué no tienen madre (educación y decencia) ellos que lo tienen todo? ¿Por qué compran publicidad cuando hacen falta camas de hospital y escuelas primarias con baño? ¿Por qué no los obliga la ley a los medios a decir cuál noticia es gacetilla y cuál no?

Lo que supongo es que lo hacen porque lo tienen todo y pierden el piso, ya no les importa lo que pase con el resto de las personas, piensan que todos los seres humanos somos malvados y que darwinianamente ellos están arriba en la cadena alimenticia por chingones, que si no fueran ellos serían otros, darían rspuestas estúpidas como “es que son pobres porque quieren”, “hay que pensar positivo”, “el cambio está en uno”. Que se vayan a la mierda, roban porque en realidad no lo tienen todo, porque sus huecos emocionales los obligan a ser las basuras de personas que son; mienten porque son infelices y quieren conservar algo que ni siquiera es tan importante. Pobres diablos, ese es el caso de los que mienten, gastan y roban, esa es la pesada realidad.

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