Sopor onírico: Vetusta Morla

Por: Julio Bravo/Fotografías: Fernando Moguel (Ocesa)

Todo lo es el silencio, escarabajos van disponiendo del plano, acomodan, ajustan, siempre en movimiento en el hogar de lo estático. El ingeniero de vértices, descubre entresijos que nunca pensó estuvieran ahí… se molesta un poco pero calla. Advierte que la mejor ensoñación sugiere la calma, una capa nítida de sordos recovecos escinden pasillos, aunadas las puertas de la percepción. El logro de la arquitectura de los bellos insectos culmina, gigantesco espacio para la abultada sonoridad de la música.4

5Mientras los alumnos del trazo dirigen las grúas, otros refuerzan los cordones en la unión de las vigas. El teatro con su público escuchaba las primeras llamadas, silbidos infantes recorriendo el circuito de la oreja. Tres Cantos Madrid ya no es ni localidad ni tierra, hoy es una anciana tortuga que engrandece el sonido y la voz. Los días no fueron más raros antes que llegara Vetusta Morla y así inicio una velada memorable.

La esencia musical de los madrileños es única, podríamos ir haciendo un historial de su nacimiento, pero sería establecer vínculos muy forzosos con otras vertientes. Su claridad la basaremos en sólo creatividad artística, de la cual  Vetusta Morla tiene en cantidad. Existe una poética que convoca la abstracción de la imagen. Sueño y estallido de emociones, un rock que parte panoramas musicales. Una búsqueda activa del estado de las cosas, hacia un tañido de detonaciones cósmicas.

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Un lleno total se percibía en el concierto, las canciones iban desarrollando mundos, situaciones bien alumbradas. Justo a mitad del concierto apareció como invitada Carla Morrison con “Maldita Dulzura”, una bonita canción que tiene un cierto matiz vernáculo. Para su segundo acto Vetusta Morla nos convido una muestra diferente, sobre sonidos más experimentales gozamos de canciones que contenían un suave líquido lunar. Al final regresaron tras el grito extasiado de sus cientos de admiradores, para cerrar con una potencia de marea roja y amarilla. España y sus hijos, el arte de Vetusta podría imaginarse como una cartografía de ilusiones sonoras, que piden libertad y pasión.

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