Por: Enrique Guerrero
Una película situada en el universo de Resident Evil pero que no adapta ninguna historia conocida… sin embargo, funciona.

Llega a las salas de cine Resident Evil: Noche Cero, que cuenta la historia de Bryan, un repartidor al cual le asignan una entrega en Raccoon City, pero el viaje se verá amenazado por fuerzas terroríficas.
Para las personas que son muy seguidoras de la franquicia de Capcom, quizá esta película les parecerá engañosa y hasta oportunista, ya que (spoiler) no tiene mucho que ver con el universo que conocen: solo se sabe que es Raccoon City por una mención de diálogo, apenas se menciona Umbrella y no hay ningún personaje o criatura emblemática de la saga.
Es una buena cinta de horror, pero que si no se hubiera llamado Resident Evil no hubiera pasado nada. Sin embargo, la paradoja de esto es que, gracias a ese título, Zach Cregger se ahorra el crear todo el contexto y construcción de mundo para centrarse exclusivamente en contar su historia. Además, posiblemente el nombre sea solo un pretexto para ejecutar de la forma en como lo hizo este survival horror, como veremos a continuación.
La manera en que está filmada esta película es magistral. Zach Cregger crea imágenes estéticamente bellas, pero a la vez son muy terroríficas; juega mucho con las luces y las sombras para generar ambientes que son de alta calidad para el género.
En ese sentido, la película cumple, y por mucho, como una historia de supervivencia, además de que se siente como un juego de survival horror, y no solo por los planos de primera persona que asemejan un juego “shooter” (y que son varios), sino por el hecho de que, conforme avanza el protagonista, en cada escenario tiene un obstáculo distinto y cada uno más difícil que el anterior.