Nunca Jamás convierte el Lunario en un viaje por la memoria y las raíces del Valle del Yaqui

Por: Luis Luna

El pasado 15 de agosto, el Lunario del Auditorio Nacional se llenó de música, imágenes y recuerdos con la llegada de Nunca Jamás. La banda sonorense aprovechó la noche para llevar a la Ciudad de México una parte de su identidad y presentar un espectáculo que fue mucho más allá de un repaso por sus canciones.

La noche comenzó con las presentaciones de El Pony Salvaje y Pinacate, quienes se encargaron de abrir el escenario antes de darle paso a Nunca Jamás. Poco a poco, el recinto fue tomando el ambiente de una noche que terminaría por reunir canciones, historias y una fuerte conexión con Sonora.

Con el Lunario lleno, Nunca Jamás apareció en el escenario y encontró rápidamente la respuesta de un público que cantó sus canciones y acompañó a la banda durante el recorrido por distintas etapas de su carrera. Los temas que ya forman parte de la memoria de sus seguidores convivieron con las nuevas canciones de la agrupación, creando un puente entre lo que la banda ha construido y el momento que vive actualmente.

Uno de los momentos más especiales llegó con la propuesta audiovisual inspirada en el Valle del Yaqui, territorio que forma parte de las raíces e identidad de Nunca Jamás. Durante el espectáculo se proyectó un cortometraje protagonizado por tres personajes que llevaron al público a un relato marcado por el territorio, la memoria y el sentido de pertenencia.

Más que funcionar como una pausa entre canciones, el cortometraje se integró al concierto y amplió la historia que la banda quería contar esa noche. Las imágenes del Valle del Yaqui llevaron al escenario una parte del lugar de donde viene Nunca Jamás y ayudaron a darle una dimensión visual a una identidad que normalmente se expresa a través de la música.

Ahí está también una de las particularidades de la propuesta de la banda: su manera de mezclar el rock con elementos de la música regional mexicana. En el Lunario, esa combinación no solamente estuvo presente en las canciones, sino también en una puesta en escena que buscó darle forma a las raíces sonorenses de la agrupación.

La presentación de Las Malqueridas, su sexto álbum de estudio, formó parte de esta nueva etapa. Las canciones del disco compartieron espacio con temas que el público ya reconoce y que fueron recibidos con la misma energía, haciendo que la noche se moviera constantemente entre los recuerdos y lo nuevo.

El lleno del Lunario también dejó claro el vínculo que Nunca Jamás ha construido con sus seguidores. Lo que comenzó en Sonora como una propuesta que ellos mismos han llamado “rock agropecuario” hoy encuentra público en otros lugares del país, sin dejar atrás las referencias al territorio y las historias que forman parte de su identidad.

Durante la noche, las luces, las imágenes y las canciones terminaron por convertir el Lunario en un punto de encuentro entre distintas generaciones de seguidores. Los temas más conocidos permitieron regresar a momentos importantes de la carrera de la banda, mientras que las nuevas canciones mostraron hacia dónde está llevando Nunca Jamás su sonido.

El 15 de agosto quedó así como una noche en la que Nunca Jamás pudo llevar al escenario algo más que su música. El Valle del Yaqui, sus paisajes y sus historias estuvieron presentes como parte de un espectáculo que encontró en las imágenes una nueva forma de hablar de sus raíces.

Y mientras las canciones avanzaban, quedó claro que para Nunca Jamás mirar hacia Sonora no significa quedarse en el pasado. Es, más bien, una manera de seguir construyendo lo que viene.

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