Julieta Venegas presentó Norteña en un emotivo regreso al Auditorio Nacional

La cantante tijuanense dio más que un concierto: un espectáculo emotivo lleno de memoria, verdad y orgullo mexicano.

Fotografías: Lulú Urdapilleta/ OCESA​

Por: Renata Barreiro

Fotografías: Lulú Urdapilleta/ OCESA

Julieta Venegas estremeció al Auditorio Nacional con Norteña

Después de 15 años de ires y venires, de vivir en otras latitudes y atravesar diversos sucesos personales, Julieta Venegas regresó al Auditorio Nacional con un concierto estremecedor. El pasado 18 de junio de 2026, la música y cantautora mexicana se presentó en el recinto de la Ciudad de México en una fecha largamente esperada desde que anunció su gira Norteña, nombre de su más reciente álbum.

La noche comenzó a media luz con una ambientación que recreaba la sala de una casa, repleta de símbolos referentes a la infancia de Julieta: una bailarina de ballet, un trofeo, un jarrón antiguo, una silla blanca de jardín, un cactus, un perchero de los de antes y un sofá individual. Julieta lució un vanguardista conjunto rosado de estética vaquera con sombrero café y botas, en homenaje a sus raíces.

Inauguró la noche entonando Tiempos dorados, primer sencillo del álbum y canción que inspiró su libro Norteña: Memorias del Comienzo (Editorial Almadía), publicado también este año, en el que narra sus recuerdos en Tijuana antes de haber debutado en 1997.

Después entró en escena su acordeón Gabbanelli, con el cual comenzó su proyecto como solista hace ya unas décadas, dando vida a La Línea, canción que publicó junto a Yahritza y Su Esencia.

No saben la alegría de encontrarnos aquí con ustedes, de volver al Auditorio, hace mucho que no veníamos acá y que lo hayan llenado…

— Julieta Venegas

La curaduría de Julieta Venegas: un mapa de sus memorias

Cuando Ese camino empezó, se escuchó la conmoción del público en cada zona del recinto. Una de las canciones medulares de su carrera, que ha acompañado a muchos en procesos de abrazar versiones pasadas de sí mismos y seguir adelante.

Tuvo invitados especiales. El primero fue El David Aguilar, con quien cantó Caprichos del Azar, una canción que narra sus recuerdos de infancia en una confidencia musical que reflejó varios años de amistad y camino recorrido.

Fotografías: Lulú Urdapilleta/ OCESA​

Continuó con Oleada y Algo está cambiando, melodías que, aun con el paso de los años, siguen ardiendo entre acordes y vocales que revelan una verdad tornasol: el caos trae pérdida y ganancia al entregarse a la dualidad de las cosas y a los sinsentidos que forman el rompecabezas de la vida.

Julieta Venegas siempre se ha caracterizado por componer canciones que escapan a la norma. Un ejemplo de ello fue Amigas, que interpretó junto a Girl Ultra, una canción que retrata el corazón roto de una amistad. Aquella que alguna vez fue un universo compartido y después se tornó en un hoyo negro por el cual se fue desvaneciendo todo aquello que un día prometieron, y que aun así guarda en una fibra del corazón la posibilidad de un reencuentro.

Continuaron La nostalgia, Leyendas de Tijuana, Despedida y Tengo que contarte, canción que interpretó junto a su amiga y guitarrista, la reina del requinto, Gaby Romero, desde La Paz, Baja California.

Después sonaron Despechada Mexicana, Esquina del Mar y Quiero volver a ti amor, que cantó junto a Israel Ramírez, de Belafonte Sensacional. Más tarde invitó a Santiago Casillas, de Little Jesus, a cantar Lo que va a pasar y a Majo Aguilar para interpretar junto a ella Andar conmigo.

Hubo momentos icónicos: cuando rindió homenaje al Divo de Juárez, Juan Gabriel, interpretando una versión de No me vuelvo a enamorar; cuando compartió la historia sobre la canción que le compuso a su padre para su cumpleaños, Te celebramos; y cuando interpretó Lento acompañada únicamente por el piano.

Fue un reencuentro tan esperado por los fans que se convirtió en el escenario perfecto para abrazar dos versiones de su historia: la que fue antes de las luces y los éxitos, y la que es gracias a tanto camino recorrido, que le ha permitido mirar hacia atrás y entregarnos lo más sagrado que alguien puede tener: sus memorias reinterpretadas por las cuerdas de su alma de artista.

Un reencuentro donde, después de tanta expectativa, solo quedó patente la correspondencia entre una cantante que siempre ha sido fiel a su voz y un público que ha permanecido con ella. Fue un concierto catártico: un brindis gigante a la vida por sus oportunidades y también por sus sinsabores.

Julieta Venegas nos invitó a su casa, nos contó, a través de canciones, el álbum de su vida y nos abrazó íntimamente con una noche inolvidable.

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