Francisco Céspedes conmueve a la CDMX en una noche de tensión y magia

Por: Renata Barreiro

El Teatro de la Ciudad Esperanza Iris se impregnó de una atmósfera verdaderamente especial el pasado jueves 15 de octubre. El concierto marcó un hito en la carrera del cantautor cubano-mexicano al presentar, por primera vez en México, sus grandes éxitos respaldados en vivo por la imponente Sinfónica de Amaury Sánchez.

El viaje arrancó directo con «Remolino» y «Dónde está la vida», donde los arreglos orquestales envolvieron desde el primer momento la voz del intérprete. Con la cercanía y espontaneidad que lo caracterizan, el artista le pidió un permiso simbólico al histórico recinto de Esperanza Iris y recordó sus años universitarios en la carrera de Ciencias Médicas, evocando la segunda canción que escribió en su vida, inspirada en un amor de juventud.

La velada continuó tomando forma entre clásicos coreados a todo pulmón por el público, como «Son tantas las palabras», «Cuando te fuiste tú», «Y se perdieron al final» y «¿Qué hago contigo?».

Un momento de tensión que detuvo el aliento

A mitad del concierto se vivió el instante más delicado de la jornada. A sus 69 años, Francisco Céspedes comenzó a sentirse mal físicamente sobre el escenario, al grado de solicitar apoyo y ser trasladado tras bambalinas para recibir atención médica de emergencia. La preocupación y la incertidumbre se apoderaron del lugar en un silencio tenso mientras el público esperaba noticias.

Ante la emergencia, la cantante Rosy Arango entró al rescate con enorme profesionalismo, tomando el micrófono durante tres canciones para sostener la energía del show mientras el equipo médico atendía al cantautor.

La vuelta al escenario y la catarsis colectiva

Demostrando de qué está hecho y con un respeto total hacia su audiencia, Francisco Céspedes regresó al escenario para continuar la velada. De la mano de Rosy Arango y la orquesta, le rindió homenaje al maestro Armando Manzanero y a José Alfredo Jiménez interpretando «Sabor a mí» (la primera canción que cantó en su vida) y «Cómo fue».

Hacia la recta final cayeron los temas más personales como «Todo es un misterio», «Se me parece a ti», «Pensar en ti» y «Nadie como tú».

El momento cumbre llegó cuando compartió la entrañable historia detrás de su obra más grande: escribió «Vida loca» un 16 de agosto para regalársela al día siguiente a su hija Marian por su cumpleaños. Al sonar los primeros acordes de esta canción emblemática para el gran cierre, el Teatro de la Ciudad se vino abajo entre lágrimas, ovaciones y aplausos de pie. El artista lo dejó absolutamente todo en las tablas, regalando una experiencia inolvidable.

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