La Bande-Son Imaginaire convierte el Pepsi Center en un ritual de oscuridad y música

Por: Luis Manuel Luna

Fotografías: Angélica Camacho

La agrupación oaxaqueña llevó su propuesta de darkwave, electrónica y teatralidad al Pepsi Center WTC, acompañada por Noble Savage, en una noche marcada por las máscaras, los sintetizadores y una poderosa identidad escénica.

La noche del jueves 10 de septiembre, el Pepsi Center WTC fue escenario de una de las presentaciones más importantes de La Bande-Son Imaginaire, agrupación originaria de Oaxaca que ha construido una propuesta donde la música, el teatro, el performance y la estética oscura conviven en un mismo espacio.

Con una importante asistencia de público, el recinto de la colonia Nápoles recibió a seguidores de la escena darkwave, post-punk y electrónica, quienes se dieron cita para experimentar el particular universo creado por la banda oaxaqueña. La presentación representó además un nuevo paso en la expansión de un proyecto que, después de su paso por escenarios nacionales e internacionales, continúa llevando su propuesta más allá de Oaxaca.

Noble Savage abrió la noche

Antes de la aparición de La Bande-Son Imaginaire, Noble Savage fue uno de los encargados de preparar el ambiente para la velada. El proyecto encabezado por Hari Sama presentó una propuesta que transita entre el synth-pop, el darkwave y la new wave, conectando con el público a través de una atmósfera electrónica y oscura.
La participación de Noble Savage también sirvió como antesala para una noche dedicada a los sonidos alternativos y a una estética alejada de las convenciones del pop tradicional. Durante esta presentación, el proyecto mostró parte del material que prepara para su próxima producción discográfica, incluyendo su reciente sencillo “Unnamed Love”.

Oaxaca llega al escenario capitalino
Con las luces del recinto en penumbra, llegó el momento de La Bande-Son Imaginaire. La agrupación, integrada actualmente por Óscar Tanat, Heri Ángelo Tanat y Bram Hernández, apareció en escena para desplegar una propuesta en la que los sintetizadores, el violín, los ritmos electrónicos y la voz se mezclan con elementos teatrales y visuales.

Más que limitarse a interpretar una serie de canciones, la banda convirtió el escenario en un espacio de representación. Las máscaras, el vestuario, las luces y los movimientos de los músicos formaron parte de una experiencia que se encuentra a medio camino entre un concierto, una puesta teatral y un performance.

La identidad de La Bande-Son Imaginaire tiene una relación estrecha con sus raíces oaxaqueñas y con distintas referencias de la cultura mexicana. Su propuesta incorpora elementos relacionados con la muerte, la memoria, las tradiciones y la imaginación, pero los lleva hacia un lenguaje contemporáneo construido a partir del darkwave y la música electrónica.

Una experiencia más allá de la música
Uno de los aspectos que distingue a La Bande-Son Imaginaire es precisamente su intención de no separar la música de las demás disciplinas artísticas. Teatro, cine, poesía, diseño, vestuario y performance forman parte de un mismo universo creativo que la agrupación ha desarrollado desde sus primeros años en Oaxaca.

Esa combinación quedó de manifiesto en el Pepsi Center, donde el público pasó de ser un simple espectador a formar parte de la atmósfera creada desde el escenario. La oscuridad del recinto, los sonidos electrónicos y la presencia visual de los integrantes dieron forma a una experiencia colectiva en la que bailar y observar fueron parte de un mismo ritual.

La presentación también representa un momento significativo para una agrupación que ha ampliado progresivamente su presencia fuera de Oaxaca. Durante 2026, La Bande-Son Imaginaire realizó presentaciones en distintos escenarios europeos antes de regresar a México para continuar con su crecimiento dentro de la escena alternativa.
Con su llegada al Pepsi Center, La Bande-Son Imaginaire confirmó que la oscuridad también puede convertirse en un lenguaje para hablar de identidad, tradición y contemporaneidad. Una noche en la que Oaxaca, la electrónica y el teatro encontraron un punto de encuentro frente a un público dispuesto a dejarse llevar por un universo que, más que explicarse, se experimenta.

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