Depresión Sonora surgió en 2020, en medio de una pausa global que amplificó ciertas emociones que ya venían creciendo: cansancio, desconexión, una rutina que pesa más de lo que debería.
El proyecto es de Marcos Crespo, músico de Madrid que construye desde lo mínimo: bases electrónicas sobrias, sintetizadores contenidos y una voz que se mantiene en un mismo plano, casi como si evitara cualquier exceso.
Su universo sonoro toma elementos del post-punk y la electrónica, pero los lleva hacia un terreno cotidiano. Las canciones avanzan con una especie de inercia emocional, donde todo parece seguir su curso mientras algo interno se desgasta lentamente.
El crecimiento del proyecto fue orgánico. Durante la pandemia, varios de sus temas comenzaron a circular en plataformas digitales y encontraron eco en una audiencia que reconoció en esas letras una forma cercana de nombrar su propio estado. Piezas como El arte de morir muy despacio marcaron ese primer momento de expansión.
En México, esa conexión encontró un terreno fértil entre el público joven, que ha hecho suyas esas canciones desde la escucha íntima hasta el directo. Se trata de afinidad musical y de una identificación más amplia con lo que el proyecto pone en palabras.

En ese contexto, su presentación el próximo 23 de abril en el Teatro Metropólitan aparece como un punto de encuentro, como un punto de partida, como un espacio donde esa escucha individual se vuelve colectiva, sin perder la naturaleza contenida que define su sonido.
En sus canciones no hay giros dramáticos ni momentos de liberación. Lo que aparece es una continuidad: días que se repiten, vínculos que pierden o ganan intensidad, pensamientos que se quedan flotando. Esa constancia termina por definir su identidad.