Bunbury ofreció un respiro posible e intensivo ante la falta de conciertos

Por: Angélica Camacho

Este sábado 21 de enero, Enrique Bunbury ofreció un show en streaming de poco más de dos horas de duración que pudo ser apreciado simultáneamente en varias ciudades del mundo.

En estos tiempos difíciles, un concierto es un respiro a todo lo que allá afuera existe y a toda la nostalgia por acudir a uno.

Enrique Bunbury anunciaba a finales del año pasado este show que se transmitiría en streaming y en el que presentaría en vivo; Posible y Curso de levitación intensivo, los dos nuevos discos que lanzó durante la pandemia del 2020, hecho que a muchos confundió por declaraciones previas malinterpretadas pero que a sus seguidores alegró pues sería la primera y quizás única vez que Enrique hace algo como esto.

Este recital llega luego de que se tuvieron que cancelar todos los shows de la gira Posible que se había programado en 2020.

Las sombras de sus músicos, Los Santos Inocentes aparecían una a una tras el telón mientras tocaban la música de Los términos de mi rendición que anunciaba el comienzo del espectáculo, evocando un poco aquel intro del Tour 2007 con Héroes del Silencio.

Cualquiera en su sano juicio (se habría vuelto loco por ti), Las palabras y Deseos de Usar y tirar, fueron algunos de los primeros temas que el aragonés errante interpretó.

Con una mirada diferente y dirigiéndose al público – que aunque desde casa estaba presente – Enrique tomaba el micrófono para dar la bienvenida y contarnos el recorrido que haríamos a través de su legado:

Vamos hacer algunas canciones de ambos discos (Posible y Curso de Levitación intensivo) y también cómo no, vamos a tocar algunas canciones de todas las épocas del pasado y esperamos que os guste todo lo que hemos preparado para vosotros”.

Enrique es un gran showman y llena todo el escenario, mismo que para esta ocasión lucia como un tablero de ajedrez. A Los Santos Inocentes: Jordi, Rebenaque, Quino, Ramón, Álvaro y Robert, se unió el magnífico saxofón de Santiago del Campo.

Seguía la noche con otros grandes éxitos como Despierta, Más alto que nosotros solo el cielo y Porque las cosas cambian.

Uno de los momentos que erizó la piel de muchos fue cuando en De todo el mundo, Bunbury bajó del escenario y mientras caminaba por el pasillo, las cámaras dejaron apreciar las butacas vacías del recinto Zaragozano y él se volteó por unos segundos a cantar mirando el escenario.

Deshacer el mundo, Mar adentro y Maldito duende de Héroes del Silencio se hicieron presentes.

Pese a la ausencia del público, la falta los aplausos, los gritos y las adulaciones, el espectáculo no se sentía menor y las canciones todas con una lectura actual.

Durante unos minutos el escenario se vació y con un juego de luces azules, una conversación entre astronautas escuchaba.

Luego Bunbury y sus músicos aparecían en el escenario de nuevo, para recordarnos que solo somos El pálido punto azul, como diría Carl Sagan.

Para cerrar la noche y por si algo en el viaje no sale bien, llegaba esa canción que habla del amor que elegimos consientes día a día: La Constante

El sentimiento de añoranza para todos fue el mismo.

Los que han asistido a un concierto de Bunbury, saben que este en cuanto a profesionalismo, producción y sonido no se escatimó, se sintió con la misma entrega de sus característicos shows. Como un camaleón, sabe adaptarse a todas las circunstancias.

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