Javier Blake: Cuenta a dios tus planes

Por: Ro Álvarez

Fotografía: @mafer.blaché

Fue el 8 de noviembre, en el Auditorio BB de la Ciudad de México, Javier Blake ofreció un concierto cargado de nostalgia, introspección y emoción colectiva. La presentación, que reunió a cientos de asistentes, se convirtió en un espacio donde la música funcionó como espejo y refugio para quienes atraviesan procesos de despedida, cierre o reconstrucción personal.

Desde antes de la entrada al recinto, el ambiente ya anticipaba una noche especial: fans compartiendo expectativas en la fila, comentarios deportivos que se mezclaban con la emoción del show y la presencia de seguidores de distintas etapas del artista. En medio de ese entorno, se percibía un sentimiento generalizado de reflexión y melancolía, una energía que más tarde se vería reflejada en cada canción.

A las 9:15, entre luces rojas y un auditorio que coreaba “¡Javi!”, la presentación abrió con Talismán, una canción que detonó recuerdos, procesos y lealtades que a veces pesan más de lo que sanan. Desde ese primer momento, quedó claro que la música se convertiría en un espacio emocional compartido, donde cada quien revisaría sus propios talismanes, ausencias o capítulos no cerrados.

El setlist contó una narrativa muy cuidada. Tras la apertura intensa, llegaron Rompeolas, Estúpido adiós y De esos besos, temas que tocaron fibras profundas entre el público. Más adelante, Cosas de grandes añadió una capa de ternura y nostalgia que varios asistentes recibieron con ojos brillosos y miradas perdidas en el techo del auditorio.

La parte central incluyó Mudanza y Dice que se va el próximo mes, canciones que moldearon lágrimas visibles entre los presentes. Austin, por su parte, provocó susurros quebrados al recordar promesas que muchos creyeron eternas.

En la segunda mitad del concierto, el tono emocional se mantuvo. Piénsame, Río Grande, Cuenta hasta diez y Afterpari, acompañaron a quienes han atravesado etapas difíciles y han sido sostenidos por amigos que permanecen incluso cuando uno mismo se siente en ruinas. Blake dedicó una canción a esos vínculos, y muchos asistentes resonaron con ese agradecimiento.

El cierre llegó de forma explosiva con Bomba atómica, No me provoques y Réplica, llevando la noche por un recorrido que incluyó amor, decisiones complejas, pérdidas necesarias y la posibilidad de renacer. “Sabía que me querían, pero no sabía cuánto”, mencionó Blake en medio de un Auditorio BB que respondía con aplausos intensos, evidenciando la conexión creada.

Al finalizar el concierto, se percibía un ambiente distinto: personas abrazándose, soltando lágrimas discretas, revisando mensajes en sus teléfonos, borrando otros; pequeños rituales de cierre y resignificación que suelen aparecer después de una noche que toca fibras profundas.

La presentación de Javier Blake fue un espacio para dejar ir, revisarse y comenzar de nuevo.

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