Darkiguapachosos para siempre: el adiós de San Pascualito Rey

Por: Angélica Camacho

Fotografías: César Vicuña / OCESA

Fotografías: César Vicuña / OCESA​

El pasado 7 de noviembre, San Pascualito Rey ofreció un concierto sold out en el Auditorio BB, una fecha que quedará marcada no solo por la intensidad del show, sino porque llega después del anuncio de una pausa indefinida en su carrera. Para muchos, esta fue la última oportunidad —al menos por un buen tiempo— de ver en vivo a una de las bandas más emblemáticas del rock mexicano.

Desde Ciudad Satélite hacia los escenarios más importantes del país, San Pascualito Rey ha construido, desde su fundación en el año 2000, un camino único dentro de la escena nacional. Su mezcla de rock, folclor, melancolía y ese toque inconfundible dark guapachoso los convirtió en un referente absoluto para generaciones enteras que encontraron en sus letras un espacio para lo que duele, pero también para lo que sana. Pascual Reyes (voz y guitarra), Juan Morales (bajo), Vicente Jáuregui (guitarra), Chepo Valdéz (batería) y Giancarlo Bonfanti (teclado) fueron los responsables de llevar esa esencia al escenario, una vez más.

Fotografías: César Vicuña / OCESA​

La noche abrió con Beso de muerto, tema incluido en su disco Sufro, sufro, sufro. Desde ese primer acorde quedó claro que sería un concierto emotivo: el público cantó desde el inicio y no soltó una sola canción durante toda la noche. La mayoría eran fans que crecieron junto a San Pascualito, acompañando álbum tras álbum, etapa tras etapa, y que ahora llegaron para agradecerles a gritos todos estos años de música.

La banda siguió con temas como Hoy no es mi día y En la oscuridad, encendiendo aún más el ambiente. Uno de los momentos más celebrados llegó cuando invitaron al escenario a exintegrantes esenciales en su historia: Nexus y Alex Otaola, quienes sumaron una capa extra de nostalgia a la velada.

Por supuesto, no podían faltar clásicos que han marcado a su audiencia: Te voy a dormir, Si te vas, Caemos o volamos … cada una recibida como un himno en un Auditorio BB que sonaba y vibraba al unísono. Pascual y el resto del grupo se mantuvieron entregados de principio a fin; había emoción en sus gestos, en sus miradas, en cada palabra que compartían entre canción y canción.

San Pascualito Rey siempre ha sido una banda distinta dentro del mapa mexa: una agrupación que encontró su propio camino en medio de un país que ama el rock, pero que pocas veces permite que florezcan propuestas tan personales y atmosféricas. Con un sonido que mezcla poesía dolorosa, ritmos que se sienten en el pecho y un halo oscuro pero profundo, lograron crear una identidad que no se parece a ninguna otra. Por eso han tenido seguidores fieles, de esos que no se sueltan, de esos que van a donde vayan.

Y para cerrar la noche sonaron Nos tragamos y Caminito, dejando el escenario cubierto de nostalgia y de ese sentimiento agridulce de saber que los vamos a extrañar. Una despedida que no dijo adiós definitivo, pero que sí dejó el corazón apretado.

Fotografías: César Vicuña / OCESA​

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