Por: Irving Torres Yllán.
Fotografías: Angélica Camacho.
Es innegable que la presentación de los Hombres G en el pasado 24° Festival Iberoamericano de cultura musical, Vive Latino, fue un éxito total a pesar de enfrentarse al regreso al país de Semisonic, quienes tenían 25 años de no hacerlo. La gran cantidad de gente que se sumó al escenario principal para cantar con ellos fue una de las mayores del evento.

Puntuales, a las 18:15 la pantalla mostró la barra de cargado llegando al 100% anunciando la aparición en el escenario de David Summers, Javi Molina, Rafa Gutierrez y Dani Mezquita, quienes de inmediato tocaron el que se ha vuelto su tema de apertura favorito, Voy a pásamelo bien, era palpable la emoción de David al cantarle, al igual que la de Javi en la batería, y es que desde el escenario la vista del terreno a reventar era impresionante. El Ataque de las chicas cocodrilo sonaría y a pesar de ser un tema de 1986, parece su frescura se mantiene atrapando la mente de todos aquellos la cantan.

Tras ello vendría la inevitable trilogía de baladas, Si yo no te tengo a ti, Un par de palabras y Te Quiero, llegarían y la gente cantaría con ellos coros que se hacían interminables y que la gente alargaba con una entrega total.

La energía de su rock pop regresaría con Indiana, Visite Nuestro Bar y, uno de los momentos que todos los seguidores esperan, cuando resuena la batería y la gente canta a todo pulmón Marta tiene un marcapasos. Al término de ellas vendría una de las estampas más bellas del concierto, con el atardecer cayendo, con un cielo naranja a los costados, David interpretaría Temblando.

Javi dejaría la batería un momento para irse al frente del escenario y tras decirle a la gente no se iban a librar de él, cantó su parte de Venecia, visiblemente emocionado y con demasiada energía.

El cierre vendría con un tema que les abrió las puertas de México, uno que abriría también la puerta a la ola de rock en tu idioma en la década de los 80s, Devuélveme a mi chica, donde a casi 40 años, ya sin censuras, todos pudieron cantar a pulmón el sufre mamón desde el fondo del estómago, un grito que se repetiría no sólo entre aquellos estaban viendo la presentación, sino entre los que iba caminando a otros escenarios, entre los que compraban y vendían alimentos y bebidas. Un cierre épico tras 50 intensos minutos que unió a generaciones.