Por: Cristhian Chavero López
Tal vez, sobre ti o alguien más que conozcas pese aquel viejo prejuicio de ser quien representa a la flojera dentro de tu familia, el integrante “al que le vale madres”, aquel con el que no se cuenta, del que esperan que llegue tarde o que no llegue, que le falta el trabajo, que sea el mal pagado o quien vive en sus sueños y no logra las cosas “de verdad importantes”.
Ese tipo de prejuicios abundan en las familias, en el trabajo, en la calle. No importa cuántas veces llegaste antes que el resto, bastó con una vez en que hicieras falta y no pudieras justificar tu retraso por tratarse de algo personal, para que te ganaras la fama de impuntual.
Para que eso suceda es necesario que esas personas, esa sociedad, quieran creer eso de lo que les acusan. En el núcleo familiar es necesario que los padres impongan, fomenten y permitan esos estigmas, en el trabajo los responsables del área o jefes deberían hacer un control y registro de los eventos para no dejarse impresionar por un accidente o lo que repiten los otros empleados.
Hay que tomar en cuenta que esas exageraciones (cuando lo son) por lo regular afectan o benefician a alguien; cuando un hermano es “el malo”, de alguna manera produce que los otros estén en posibilidad de nombrarse los “buenos”. Si nos creemos esas ideas, perpetuamos el círculo social familiar, ¿pero a costa de qué? Pues de nosotros mismos si somos el objetivo de ese prejuicio. Lo mismo pasa entre sociedades y naciones, por ejemplo con México.
Recientemente han causado revuelo las declaraciones de Donald Trump, en las que como parte de su campaña como precandidato del Partido Republicano, dijo que los mexicanos que llegan a EUA no son de lo mejor, parece que enviamos drogas, crimen, violadores. A mí, particularmente me parece que es una fanfarronada de su parte, de esas que les gustan en el país vecino, donde alguien habla fuerte y mal de otro para parecer de confianza, no creo que sea muy racista, pero sí un oportunista al que le han costado caras las declaraciones; sin embargo al final alguien más capitalizará ese rencor sembrado en algunos blancos que se sientan amenazados por los migrantes. Le dejo un vínculo con buena información (Video)
Detrás de Trump hay varios otros ataques o burlas sobre los defectos de los
mexicanos; tal es el caso de la comentarista conservadora Ann Coulter, que está en desacuerdo con la migración a su país, principalmente de mexicanos, me parecen un riesgo sus declaraciones, imagina que el título de su obra es: Adiós América: El Plan de la Izquierda para Convertir Nuestro País en un Infierno del Tercer Mundo.
Una frase que soltó en su entrevista con Jorge Ramos, periodista norteamericano de origen mexicano, fue “Si no quieres morir a manos de ISIS, no vueles a Siria; si no quieres morir a manos de un mexicano, no sé qué decirte”. Dejo un par de vínculos que espero sean de su interés (Video 2) y (Nota).
Hay muchos ejemplos más, pero me gusta este porque redondea bien el prejuicio sin tanto odio, es el caso de unos cuentachistes ingleses que se mofan de la terrible flojera que nos acosa, me parece que logran ser ofensivos, independientemente de que se disculpen, el daño se hace, el prejuicio se multiplica (Video 3).
Hay miles de respuestas airadas y varios ataque más, de todos hay uno que podría ser más virulento, el de
,(Video 4). En ese video Glenn ataca, corrige y regaña a Felipe Calderón por opinar sobre lo que debe y no debe hacer el gobierno de EUA con respecto a los migrantes mexicanos, pero con una tremenda carga de xenofobia. No defiendo Calderón, él mismo dijo en su campaña que tendría mano dura con los migrantes centroamericanos, pide lo que negó en campaña y en sexenio.
Regresando a la flojera que aparentemente caracteriza a los mexicanos y que hasta nosotros nos creemos, digo que no es cierto, que México puede padecer de pereza mental en algunos sectores de la sociedad, que esa falta de intensidad crítica se da tanto en las clases bajas, como las medias y altas. La prueba de que no somos flojos es que somos, según los miembros de la OCDE, quienes más horas trabajamos al año (Nota 2)entre los que más horas van a la escuela al año (Nota 3).
Podrán decir que somos menos productivos, frente a trabajadores de otras naciones, pero también somos de los peores pagados, imagina, la décimo cuarta economía del mundo con uno de los salarios más bajos. Un lavaplatos en Canadá gana tres veces más que un profesionista en la Ciudad de México.
Sin embargo esta idea, de que somos terriblemente flojos, permea a todos los niveles, lo dice la eminencia Miguel León Portilla (Nota 4) y también quien le escribe sus twits a Angélica Rivera (Nota 5). No es que nuestras jornadas laborales sean las más largas de todas, sino que hay mucho trabajo no remunerado; este argumento queda bien explicado en las siguientes fuentes.
¿Entonces somos flojos o no? Pues diría que no, definitivamente no como lo dicen los cuentachistes ingleses, nos somos los violadores que dice Trump, México es más que una guerra contra el narco, para bien y para mal. Lo mismo pasa con nosotros mismos, los individuos de carne y hueso, no somos todos los estigmas que nos quieran poner, o podemos dejar de serlo, a veces hay que romper el equilibrio para estar mejor, para no tener que cumplir el rol que se nos impuso, desde niños o en la historia mundial.
Hay que crecer y trascender esas ideas preconcebidas, dejar de darles la razón y lograr los objetivos porque así decidimos y no porque eso es lo que esperan de nosotros. 
Llevar la contra no siempre es un acto irresponsable, dejar de ser responsable por algo tampoco implica necesariamente un acto de injusticia, la injusticia tampoco implica maldad. Es decir que si alguien quiere decirle a sus padres que desde hace 10 años no es un borracho, que dejen de chingar, es una buena idea; que si una mujer tuvo un hijo antes de su primer matrimonio tampoco es la bruja del cuento; que decirle a los primos y tíos que esta vez no atenderás al abuelo, que a ellos también les incumbe no es injusticia; que si le pegaste al vecino es porque tenía dos años chingando.
Quitarse un estigma y responsabilizarse de ello, asumir los costos y decidir qué no es parte del trato. Es necesario ser claros y hacer de la realidad, algo menos pesado.




See “Adios, Ann: Fear Mexicans, Not Jihadists” at http://wp.me/p4jHFp-6A.
Me gustaMe gusta