Por: Cristhian Chavero López
Somos lo que comemos, nos constituimos de minerales, proteínas y líquidos; y de alguna manera seremos lo que consumimos antes durante y después del ahora. Esto incluye los discursos e ideas a las que nos exponemos con frecuencia. Porque terminan por ser nuestros referentes, es decir, lo que tenemos en la cabeza al resolver un problema o crear algo, desde un proyecto del trabajo o una ruta de vida.
Cuantos más referentes nos llenan, más oportunidades tenemos de tomar mejores y más completas decisiones, así como las acciones que se originan de esa voluntad. Esto incluye los argumentos y decires de la gente con la que convivimos, esa es una de las tantas importancias de rodearse de gente valiosa, también cuentan los libros que leemos, las canciones que escuchamos, las películas que vemos, la televisión que nos entretiene, los espectáculos y obras artísticas a los que nos exponemos.
Conforme nos percibimos más discursos y los problematizamos, aprovechamos mejor cada fragmento y lo podemos adaptar a nuestras cotidianas y correteadas vidas.
Si uno de tus más comunes referentes son el Chavo del 8, serás más susceptible de resolver como alguno de sus personajes, con sus valores simplones y cursis. No está necesariamente mal, pero ¿quién se podría enamorar de otro que no trabaja y su máximo en la vida es una torta de jamón? Si el ideario de una relación amorosa está fundado en el planteamiento moral de Laura de América o del doctor House, probablemente el rencor y la amargura ronde la existencia.
No debemos interpretar esto de modo simplista y generalizador, porque condenaríamos a cualquiera a ser de menor calidad como ser humano por gustar de una u otra cosa; pero sí nos da, justamente, un referente de cómo solucionan las cosas, cómo esperan ser mejores personas.
Ninguna ley debería moderar la escucha de los narcocorridos, pero si la gente cree que por oír banda ya son peligrosos, podrían ver como natural las balaceras y justificar a tantos asesinos porque “sólo quieren que los dejen trabajar”, no dimensionan que torturar mujeres o vender niños, extorsionar comerciantes o disparar sobre muchedumbres no es benéfico para los demás.
Nuestros referentes han estado condicionados por nuestras mismas creaciones, la cultura se alimenta a sí misma y se recrea con el paso de los siglos, cambiando e influyendo de una civilización a otra. Sólo así es posible que en México nos sean referentes comunes ideas más antiguas que la biblia, por ejemplo el diluvio universal.
Toda la cultura está permeada por la tradición oral, de cada familia que pasa de una generación a la siguiente los referentes a los que recurre. Así también con las escrituras, el arte, los medios electrónicos, las industrias culturales y la creación espontánea de artistas emergentes locales.
Preocupa que algunas de las fuentes de estos referentes sean escasas o no sean accesibles, en México existen 7 mil 363 bibliotecas públicas y 1198 librerías en toda la nación, según la SEP. Eso significa, aproximadamente una biblioteca por cada 15 mil 754 habitantes y una librería por cada 96 mil 828 mexicanos. Nada más que las estadísticas engañan, porque el 30% de las bibliotecas y librerías están en el centro, en otras palabras en el DF y el Estado de México.
Nuestra formación durante la infancia será definitiva para que nos sea accesible una u otra información; después serán la escuelas y nuestras condiciones para aprovecharlas lo que incida en lo que nos entra. Porque si alguien tiene poca formación y lo exponen a la música de Ígor Stravisnky le será difícil de asimilar y de apropiarse, podría sentirse fuera de lugar.
Sin embargo si toda a su vida ha escuchado cumbias y salsas, pero mambos no, pues no le será tan chocante integrarse en una fiesta donde suena el mambo o entender el ritmo de un son, sea cubano o jarocho.
Ante el pasado día Internacional del Libro (23 de abril), no se trata únicamente de conminar a otros a devorar nuevos referentes, sino de nutrirse de ellos, pero antes de eso, a juzgar lo que consumimos.
En realidad no hay información de primera y segunda o tercera clase, sino de capacidad de imbuirse de los referentes y poder análisis y síntesis de ellos. ¿Cómo nos apropiaremos de las obras de tanto gigante en el arte y las ideas, de tantas obras esperando conmovernos? Pues haciéndonos de más referentes. Sólo leyendo aumentaré mi posibilidad de entender más en la siguiente lectura y así con el arte y hasta con el entretenimiento.
Estamos hasta las cejas de basura, no podemos acceder a películas de risa (su género es comedia) más finas e inteligentes, porque se hacen para personas con pocos referentes que se aburren al primer chiste que no entienden, a la primera referencia que no atan con su vida cotidiana.
Si no quieres dirigir un país, un negocio o tu miserable vida como el Chavo del 8, debes alimentarte de otro referente que te dé alguna idea de cómo lo han hecho. Cambia de canal, asiste a las galerías y teatros, ojea otros libros o periódicos, canta otra canción. No tienes que dejar de ser tú, sólo alguien menos pendejo.