LA PESADA REALIDAD: El drama de las manifestaciones

Por:Cristhian Chavero López

Agradezco la invitación a participar con esta columna semanal en el Alebrije, cada viernes trataré un tema en el que relacione el acontecer político y social con la introspección y la existencia. Las cargas que nos adjudicamos al interpretar la realidad cotidiana serán el tema y finalidad, para problematizar la vida.

10457766_745038755589232_1517255255324514616_nLas marchas, las manifestaciones, son un buen pretexto para que informadores radio, internet, diarios o televisión se desgañiten y obtengan el aprecio de sus audiencias al contar sobre quién dirigir arengas furiosas. Asimismo es una buena justificación para llegar tarde al trabajo, la escuela o una cita; es como citar al tráfico o al clima, se le puede utilizar para explicar la impuntualidad mexicana.

La Ciudad de México está entre las tres máximas del mundo, superada en área solo por Los Ángeles y en habitantes por Tokio. Hay que tomar en cuenta que al decir Ciudad de México se está pensando en 20 millones de habitantes distribuidos en el DF y parte del Estado de México.

Siendo una mancha urbana enorme, es de esperarse que tenga manifestaciones, como cualquier ciudad cosmopolita moderna. Ya sea por la falta de agua en una colonia o porque los poderes de la república residen aquí; el caso es que nuestras avenidas son escenario de miles de manifestaciones al año, de las que puedes ser espectador o participante.

Como muestra tenemos le dato de 7 910 manifestaciones, sólo en el DF en 2013, según la SSP del DF; eso significa 26 por día. Hay que aclarar que al decir manifestación se quiere decir mítines, reuniones informativas, cierre de calles y por supuesto las marchas.Maestros-culminan-marcha-con-mitin-1532493

Este año electoral, ensombrecido por los asesinados e inconformes, será motivo de manifestaciones, varias de ellas multitudinarias, que cubrirán avenidas y plazas. Por cierto, la mejor manera de evitar conflictos con las marchas es el metro, andar a pie y en bicicleta.

La mayoría de los informadores de los grandes medios verterán sobre los manifestantes todos los adjetivos que no se permiten con autoridades federales, que no endilgan a los varones de la banca y la industria, pero que sí le sorrajan a cualquiera que ejerza su derecho consignado en el 6º artículo constitucional que inicia diciendo que “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa”.

marchas_dfAnte la frustración de verse retrasado por algo más que el tráfico, es fácil pensar que la culpa es de quien cierra el flujo del transporte público o de tu auto, será muy tentador creer que debería regularse la protesta, que lo correspondiente sería atrapar a esos vándalos, que alguien debería de hacer algo. Pero haciendo una analogía con las enfermedades y los síntomas, hay que tomar en cuenta que los estornudos no son gripe, que la diarrea no es tifoidea.

Es decir, que las manifestaciones no son la enfermedad, sino el síntoma de un conflicto social que nos trasciende como individuos y nos atañe como ciudadanos; que refleja la imposibilidad de grupos de la sociedad de cambiar las cosas porque no tienen los medios, que deciden cansarse, mojarse y asolearse por algo que creen que se debe cambiar.

Vendrá a la mente el tema de los acarreados, asegurarse de algo así es tan fácil como bajarse del transporte, hacer de tripas corazón y preguntar a los manifestantes, con ganas de averiguar, qué hacen ahí, a qué se dedican y qué dejan de hacer para estar ahí. Habrá que preguntarse porque una marcha de 100 mil participantes “desquicia la ciudad” y los 7 millones de peregrinos que llegan a la delegación Gustavo A. Madero no lo hacen. Habrá que contemplar que para curarse no hay que eliminar los estornudos, habrá que atender al cuerpo completo. Será necesario preguntarse ¿estarán equivocados los miles que vociferan en las marchas? ¿Seré un espectador otra vez? ¿Crees todo lo que dicen esos informadores?

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