Por: José Viniegra.
El pasado sábado 6 de septiembre estuvimos presentes en el Festival Campestre del Vino que se llevó a cabo en el Club Campestre Manantiales de Nopala, una ex -hacienda del siglo XVII además de ser parte de la degustación y venta de productos gourmet, vinos y destilados de marcas como: La Casa del Vino, Plata Gourmet, Mezcal Tolin, Garam Gourmet, Blanco y Tinto, Licores Chicome, Beso a Pau y Vinos del Mundo. Fuimos partícipes de actividades como: Tirolesa, bicicleta de montaña, paseo en cuatrimoto, paseo a caballo, lancha de remo, caminatas eco-turísticas, futbol, volley-ball, billar y ping pong entre otras.
Todo comenzó con la salida del frente del Auditorio Nacional a las 8 de la mañana, con un lunch básico para no ir con el estómago vacío, pasando en una primera escala a cargar gasolina y a los sanitarios. Luego de unas dos horas de camino adicionales, al fin estuvimos en la hacienda de Manantiales de Nopala.
La primera impresión fue de un lugar lujoso, que por la carencia de los techos, era obvia su semblanza como una de pasados siglos. Fuimos bien recibidos con un café, para luego comenzar con una explicación sencilla pero sustanciosa: la hacienda es el principal punto de encuentro de los colonos que poco a poco irán comprando sus terrenos a un costo de 450,000 pesos, con un mantenimiento de 1,000 pesos.
Esto les dará de inmediato acceso a la finca y los servicios ya antes mencionados como parte de una diversión familiar, además de otros como las cocinas, la iglesia rústica, etc. Todo el lugar es un proyecto a plenas luces naciente; los terrenos son totalmente rurales, aún carentes de gas, electricidad, desagüe, etc.; pero con planes de prontamente hacerse de todos los recursos y cuanto más sustentables mejor.
Por oro lado, si bien disfrutamos de todas las actividades familiares, algunas de ellas carecen de un óptimo estado; por ejemplo, las bicicletas de montaña estaban faltas de mantenimiento y un poco oxidadas de las cadenas; las lanchas eran sólo 4 y con algunos remos provisionales, la piscina se veía un poco turbia; pero por lo demás, realmente fue un sitio muy especial, lleno de naturaleza y con un cielo espléndido, tan azul como pocos.
E
n cuanto a la exposición de quesos, vinos y exquisiteces gourmet, tuvimos varias mesas en el área principal, al lado de la discoteca de la hacienda, donde más tarde comimos pollo a la barbacoa. Ahí mismo compramos algún queso y vino tinto (dado que no siempre lo prefiere uno blanco en el caso de alimentos lácteos) que nos parecieron exquisitos y una genial combinación. El trato que recibimos fue excelente. Podemos concluir que el lugar tiene vistas a ser un sitio maravilloso para vivir lejos del bullicio de la ciudad o, bien, para hacerse de una cabaña vacacional.
Además, si bien aún no está en las mejores condiciones urbanísticas, la oferta de compra de los terrenos es buena y uno en algunos pocos años podrá contar con los servicios que el poblado cercano ofrece y a su vez con aquellos que uno, como colono, podrá ofrecer a los demás. Todo pinta a ser un sitio de lujo en algunos años.
Este lugar ofrece servicios como Restaurante-Bar con precios muy accesibles y transporte redondo opcional con un costo de recuperación de $250 pesos por persona para cuando decida uno ir. Estemos pendientes del siguiente Festival Campestre del Vino y de visitar esta bella hacienda del siglo XVII.