Por: Redacción.
MacFarlane, quien obtuvo reconocimiento por su película Ted, no logró cuajar la comedia «Pueblo Chico, Pistola Grande» debido a que su historia es incoherente y su ritmo desigual, a pesar de que toma como escenario el lejano y salvaje Oeste estadounidense de 1882, olvidándose de la variedad de formas discursivas que esta alusión genérica podría haber aportado al guión y lograr la eficacia cómica.
La historia gira entorno a Albert Stark (MacFarlane), quien abandonado por su novia Louise (Amanda Seyfried) tras huir de un duelo y con el corazón roto, él planeará irse del pequeño y salvaje pueblo de Old Stump y reiniciar una vida en San Francisco, sin embargo, sus planes se verán frustrados con la llegada al pueblo de la enigmática Anna (Charlize Theron), la cual oculta a Albert su verdadera identidad pero ella será la persona que le ayude a encontrar su verdadero valor.
La serie de inesperados pero fortuitos cameos, así como la escena de créditos iniciales en la que se retratan fastuosos paisajes, acompañados por la grandilocuencia de la melodía que recuerda los clásicos temas de los western para después dar paso a todos los inconvenientes que acarrea vivir en el Oeste, serán los elementos rescatables de Pueblo Chico, Pistola Grande; resultando secuencias ingeniosamente colocadas (los cameos) para subrayar la mofa que el director hace a uno de los escenarios idolatrados de la cinematografía estadounidense.
MacFarlane abusa del absurdo y lo escatológico para salvar una historia inconexa cuyos hechos detonantes, entendido como la ruptura de la relación sentimental y el carácter cobarde de Albert, son narrativamente débiles y poco ambiciosos para sostener el desarrollo de una trama que solo alarga su clímax.
Después de todo, Pueblo Chico, Pistola Grande, resulta ser al igual que su título en español, una película olvidable que ni siquiera alcanza el rango de palomera.