Por: Fernanda Arteaga
Desde que uno entra, algunos miembros de la Orquesta Sinfónica de Minería ya están sentados, la emoción recorre por completo el cuerpo, al ritmo de una serie de aplausos, entra el director de orquesta, José Areán, nos da la bienvenida. Esta noche está hecha para relajarnos y pasar un rato de ligereza al compás de las cuerdas.
¿Cuáles son los ingredientes para una noche de relajación? ¡Simple! un asiento cómodo, música y nuestra imaginación… desde el principio Areán nos recuerda que casi todas las canciones que se tocarán tiene su historia en Broadway, y en los rodajes de diversas películas, siendo famosas producciones.
Durante toda la noche, recorres distintos matices emocionales, desde sentirte melancólico al escuchar la presentación de Les Miserables, luego pasas por el amor ante la música de My Fair Lady, -¡Por Dios!, uno siente como si se estuviera enamorando, es casi inevitable verse en una nube, recordando las escenas del rodaje.
Desde el principio te mencionan que cada una de las melodías presentadas han sido llevadas al séptimo arte, de esta manera, no dejas de recordar todas esas legendarias escenas de amor, tristeza, dolor y esperanza, incluso experimentas momentos de dolor y desesperación.
Hasta escuchar el maravilloso blues de George Gershwin con Rapsody in blue, magia ocurre entonces, su música prende tu alma y cuerpo, es imposible no moverse, ya que las notas viven en el cuerpo y el cuerpo se expresa a través del movimiento o al menos eso es lo que ha mencionado el director de orquesta. Llegan las danzas sinfónicas de West Side Story que imprimen en ti, otro golpe de ritmo pero con más calor, sobre todo cuando escuchas el chasquido de los músicos o cuando pronuncian-¡Mambo!-
Todo va a la perfección, ahora el alma y los oídos están llenos de fantástica música, al final de la tercera presentación, cuando termina ese hermoso blues llamado Rhapsody in blue un incidente te saca inmediatamente de tu transe, esperas, pues debe ser acomodado y arreglado, pero no tarda mucho para que todo regrese a la normalidad, entonces regresas a ese mundo increíble del que no deseabas salir.
Cuando acaba la noche, sólo para despedirse y volver de la hermosa ciudad de Nueva York a la nuestra, nos presentan un escenario mexicano a través de nuestros acordes y colores musicales, sin más, aterrizamos en nuestra maravillosa tierra. Puedo contarte querido lector que en ese instante me sentí muy orgullosa de mis raíces, cada vez que salgo de una noche así de fascinante y armoniosa, siento que me rodea un aura de esperanza y alegría, termino completamente inspirada.
Esa es la magia que vive en la música, puede cambiar todo un mundo en tan poco tiempo, deshacerse del estrés y de las preocupaciones, no estaría mal tener más noches como esta.
